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CUBA SIGUE AQUÍ

CUBA SIGUE AQUÍ

La noticia del año 2003 sobre Cuba es que la Isla flota aún, majestuosa, en el caliente mar Caribe e influye en el mundo, pese a una de las más persistentes políticas de rechazo llevadas jamás por EE.UU. contra un país.

Francisco Forteza La Habana
La Jiribilla

En términos generales la noticia del año 2003 sobre Cuba es que la Isla flota aún, majestuosa, en el caliente mar Caribe e influye en el mundo, pese a una de las más persistentes políticas de rechazo llevadas jamás por EE.UU. contra un país, conducta que sigue teniendo como centro un bloqueo propio de la denominada Guerra Fría que sobrepasó hace tiempo los 40 años.

Durante el 2003 y en el campo internacional el largo conflicto cubano-norteamericano atravesó momentos paradójicos. Ningún analista pudiera negar que las malas relaciones habituales entre La Habana y Washington empeoraron en el lapso, pero esa conclusión se torna ambivalente en dos campos: el que limitan los acuerdos migratorios entre los dos países, vigentes desde 1994 y 1995, y el que determina un comercio bilateral frágil y restringido que pese a los obstáculos, avanza.

La administración republicana de George W. Bush, que llegó al poder en noviembre del año 2000 gracias al voto de la Florida, donde están destacados las personalidades y grupos cubanoamericanos anticastristas más extremistas, fue un mal augurio para los pocos elementos positivos que han sobrevivido al enfrentamiento EE.UU.-Cuba por 45 años.

El gobierno cubano previó incluso que como resultado del «anticubanismo» proverbial de Bush podían llegar a desaparecer no solo los acuerdos migratorios, sino también las sedes diplomáticas cubana en Washington y norteamericana en La Habana que, a veces en equilibrio precario, han estado abiertas desde el gobierno demócrata estadounidense de James Carter.

Quizá en ningún otro momento como durante este año las Oficinas de Intereses creadas a mediados de la década de los años 70 pudieron hundirse bajo el peso de la pelea política entre los dos países.

Bush decidió utilizar a su «hombre en La Habana», James Cason, jefe de la Oficina de Intereses de EE.UU. en Cuba, en labores francamente subversivas. El propio Cason, antes de viajar a la Isla, subrayó que daría todo su apoyo ―no solo político, sino también material― a agrupaciones disidentes en este país que las autoridades consideran como unidas a Washington en sus fines de acabar con la Revolución cubana.

Tras un rápido movimiento de expansión por Cason y sus subordinados por toda Cuba alentando la oposición, el gobierno cubano llevó a juicios en abril a más de 70 personas bajo acusaciones de mercenarismo en favor de EE.UU. Estas fueron condenadas en procesos jurídicos en los cuales los fiscales presentaron pruebas y testigos, incluso algunos que actuaron como agentes encubiertos dentro de los grupos oposicionistas, que reflejaron que los acusados, en efecto, aceptaron fondos e instrucciones generados en la Casa Blanca.

El conflicto entre los dos países estuvo en ese momento a punto de generar una situación sin regreso. No obstante, no solo sobrevivieron los acuerdos migratorios, sino también se reforzó, por voluntad de empresarios norteamericanos, el limitado comercio iniciado a fines de 2001 cuando EE.UU. permitió ventas de alimentos a la Isla.

Tras los juicios, una serie de violentos secuestros de aviones y embarcaciones en Cuba por personas que querían llegar a toda costa a EE.UU. no solo demostró la mano firme cubana -que llegó a juzgar y aplicar la pena capital a tres secuestradores de una lancha de pasajeros con la toma violenta de rehenes- para tratar de detener esas peligrosas acciones, sino también la vigencia de los convenios sobre migración.

En uno de los secuestros ―un avión de pasajeros que aterrizó en La Habana mientras un secuestrador con granadas de mano amenazaba con hacerlo estallar si no viajaba a Miami― el diplomático norteamericano Cason apareció en el aeropuerto internacional de esta capital y trató, junto a las autoridades cubanas encabezadas en ese momento de manera personal por el presidente Fidel Castro, frustrar el secuestro.

Cason, en nombre de su gobierno y 24 horas después publicó una nota oficial en la prensa cubana subrayando que EE.UU. estaba dispuesto a desalentar esas acciones y que los criminales que desviaran aviones y barcos hacia ese país desde Cuba serían juzgados con todo el rigor de la ley.

Más tarde, los norteamericanos devolvieron a Cuba para ser juzgados ―tras un acuerdo previo de limitaciones de condenas― a los captores de una embarcación científica cubana.

Los sectores cubanoamericanos anticastristas con sede en Miami llegaron a acusar a Bush en ese momento ―el verano pasado― de «traidor a la causa» , y a exigirle públicamente incluso una invasión estadounidense a la Isla, al estilo de la que ya se había lanzado contra Iraq.

Paradójicamente, la administración Bush se mantuvo firme en su decisión de hacer cumplir los acuerdos migratorios con Cuba, probablemente porque ello encaja en el marco de protección hermética de fronteras contra infiltrados, dictada en ese país después de los sangrientos ataques en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001.

Para balancear quizá y asegurar así el voto cubanoamericano en noviembre de 2004, la Casa Blanca se sumió nuevamente en una corriente fuertemente anticubana y en octubre, Bush ordenó la fundación de una comisión presidencial codirigida por Colin Powell, secretario norteamericano de Estado, para que esta proponga en un plazo breve nuevas medidas contra Cuba.

En ese ambiente, Cuba ha determinado en el 2003 reforzar su ejército y sus programas militares defensivos.

No obstante, el comercio cubano-norteamericano llega ya a los 600 millones de dólares al cierre de 2003, y más de 270 empresarios estadounidenses que vinieron a La Habana este mes ratificaron su voluntad no solo de seguir sus ventas de alimentos al mercado cubano, sino de oponerse, bajo las leyes de su país, al bloqueo norteamericano y aceptar llegado el momento la invitación cubana a colocar inversiones aquí.

Una secuela del conflicto cubano-norteamericano en 2003 fue el anuncio por la Unión Europea (UE) en junio de sanciones diplomáticas ―también algunas económicas― contra Cuba. La Habana acusó a los europeos de tratar de atraer, con la medida, la simpatía de Bush, enajenada a partir de la negativa de Europa a apoyarlo en la agresión contra Iraq.

El comercio y las inversiones europeas en Cuba no parecieron afectadas por el «subconflicto», el cual algunos analistas consideran como de futuro efímero.

Pese al rompimiento de las buenas relaciones tradicionales Cuba-UE, la Isla tuvo en 2003 una expansión poderosa ―política y económica― por el mundo, y especialmente en su región, América Latina. Venezuela, y nuevos gobiernos en Argentina, Brasil y Paraguay dejaron claro su derecho a tener buenas relaciones con la Isla y así lo han puesto en práctica.

Bajo la sombra del fracaso estruendoso de los programas neoliberales en países regionales, ha surgido, según observadores, una corriente de gobernantes y potenciales gobernantes que han colocado énfasis en resolver o aliviar los profundos problemas sociales latinoamericanos y mantener un comportamiento unido, lejano a las órdenes norteamericanas de romper con Cuba.

En el orden interno, la economía cubana creció en un 2,6 % en el 2003 frente al 2002. Las cifras no lo dicen todo. El país ha sido durante este año un hervidero de programas ―y soluciones― en los campos de la salud pública, educación, cultural y en la economía en áreas como el turismo, la agricultura, la producción petrolera en medio de un reajuste de algunos de sus sectores a las serias condiciones del mercado internacional.

El saldo del programa económico cubano refleja un crecimiento económico sin abandonarse las bases del sistema socialista ni las reformas de corte capitalista ―entre estas la liberación del curso del dólar y la mayor apertura al capital extranjero― impuestas en un momento de gran crisis a inicios de la década pasada.

Sin penetrar en análisis más precisos, 2003 demostró algo fundamental: Cuba sigue aquí.

Reflexiones cubanas

CULTURA, CONTRACULTURA Y PODER

Salvar la cultura es lo primero que debemos hacer, decía Fidel, y se refería a la contracultura de la resistencia y de la creación. La verdadera guerra que enfrentan hoy los pueblos no es entre civilizaciones «buenas» y «malas», sino la que se nos impone entre la cultura de la dominación y la cultura de la liberación.

Enrique Ubieta La Habana
La Jiribilla

«La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder» (1), escribía Gabriel García Márquez sobre el presidente Allende y su gobierno socialista, derrocado treinta años atrás por una junta militar. Frei Betto, por su parte, reflexionaba hace algunos meses sobre la victoria electoral de su amigo y compañero de luchas Lula da Silva: « ¿Cómo un mecánico tornero, fundador de un partido que en su carta de principios defiende el socialismo, llegó al gobierno por el voto popular? Noten que escribí 'llegó al gobierno' y no al poder. Son instancias distintas. Quien tiene poder no acostumbra a ser institucionalmente gobierno, como es el caso del capital financiero. Quien es gobierno no necesariamente tiene poder, como los estados de América Latina, que dependen del flujo de capital externo» (2). La distinción resulta especialmente pertinente para abordar el estudio de los movimientos políticos contemporáneos. Un gobernante moderno, ya se sabe, es el representante o el administrador de cierto poder. En el llamado Tercer Mundo es con frecuencia el representante de un poder extranjero y/o ajeno. Incluso cuando existe un poder interno que actúe de mediador. Incluso cuando no lo sepa. Y si por azar representa otros intereses, tendrá que desafiar y enfrentar al verdadero poder, y vérselas de paso con el pequeño poder intermediario. Por otra parte, el poder no es una instancia abstracta, pero sí difusa: el capital no se personaliza, no actúa de forma unívoca, es multiforme y sinuoso. Crea las necesidades y controla los mercados: tienta, compra, ilusiona, castiga, es el oscuro objeto del deseo, se acerca y se aleja, pero nunca se entrega de forma definitiva. Forma legiones de compradores compulsivos, discapacitados, analfabetos reales o funcionales que se creen informados y libres. Para ellos se fabrica el mundo virtual de los sueños: secas de contenido, la democracia y la libertad se ejemplifican en una historia mil veces repetida, la de Cenicienta. En las pantallas de los cines vuelve la vital Jennifer López a conquistar al príncipe de las finanzas, candidato a senador, en su papel de cenicienta por partida doble, latina y camarera de un lujoso hotel neoyorkino. El dinero, el poder, es un valor añadido a la viril belleza del novio. Para los rebeldes, los aguafiestas de siempre, los que marchan a contracorriente, es el espacio de la violencia (y de la calumnia sistemática); sutil o abierta, individual o colectiva.

En los primeros días de octubre de 2001, cuando los medios repetían la ridícula respuesta del presidente Bush sobre los motivos posibles del atentado terrorista a las Torres Gemelas y al Pentágono —«nos odian porque tenemos libertad»— Wayne Smith, ex diplomático norteamericano en Pyongyang, Moscú y La Habana durante los años más cruentos de la guerra fría (es decir, un hombre que sabe lo que dice), se lamentaba en una entrevista: «¿Cuántos otros Bin Laden, cuántos otros que ahora son terroristas hay en el mundo, que nosotros entrenamos y apoyamos?» Pero inmediatamente aclaraba que el pueblo norteamericano no conocía esto. «No solo porque los periódicos y la televisión no ofrecen todas las noticias —añadía—, ni todos los aspectos, sino porque tampoco quiere ser informado. Creo que solo el 15 % de la población lee la prensa. Todos los demás reciben su información por la televisión. Y muchos ni siquiera ven los noticieros» (3). El poder del capital programa la seudocultura light del consumo, simplifica los códigos artísticos, los estandariza, y trasmite con ellos los dos o tres mensajes básicos que necesita inculcar: nosotros somos la democracia y la libertad, (déjenos pensar por usted, sugiere), disfrute su vida como pueda, usted también puede tener un auto, una casa, una bella(o) esposa(o).

La lucha de ideas o la cultura como camino para la liberación

La primera generación de intelectuales en la Cuba republicana de inicios del siglo XX, se asumía todavía como consejera del poder. La Patria en la que desplegaba sus esfuerzos renovadores era una neocolonia (algunos historiadores la califican como un protectorado norteamericano), pero confiaba en que la educación corregiría todas las desviaciones del programa libertador. Más que ensayistas solían ser analistas de la realidad social. Prevalecía en ellos cierto espíritu crítico, descriptivo y reformista y la confianza en la capacidad transformadora de la cultura, no exenta de dudas y suspiros de impotencia. José Martí, el cubano más universal, había advertido: «Ser cultos, es el único modo de ser libres». Pero una sociedad culta no es la suma de individuos cultos. La segunda generación irrumpía en 1923 con una Protesta llamada «de los 13»: ya no eran consejeros, sino denunciantes. Habían abandonado la crítica reformadora y no se consideraban parte de la deforme realidad republicana. De espaldas a la política tradicional, surgía momentánea en ellos la ilusión de la cultura descontaminada. Sin embargo, ¿cómo hacer arte nacional sin nación? El ensayo, más libre, menos enfático, emergía como forma privilegiada de reflexión. Pero la lección martiana era aún incomprendida: el ser político y el artístico parecían contradecirse o anularse mutuamente. Juan Marinello, un poeta de expresión artepurista que ya para entonces militaba en el Partido Comunista, escribía en 1937: «En realidad se prolonga demasiado en mí la pugna entre lo artístico y lo político y es lo cierto que, en nuestros días, parece exigir cada una de estas cosas, pasión y dación exclusivas» (4). Pugna que otro coetáneo, Rubén Martínez Villena, resolvía de forma heroica, e igualmente errónea: «yo destrozo mis versos, los desprecio, los regalo, los olvido; me interesan tanto como a la mayor parte de nuestros escritores interesa la justicia social» (5). Cierto que Martí había exclamado antes: « ¡La justicia primero, y el arte después!», pero su obra toda, incluso la más íntima, contribuía a edificar la justicia desde el arte. Así lo supo ver él en la obra de sus antecesores y coetáneos, algunos tan aparentemente desasidos como Casal.

Pero aquella fue una generación de intelectuales políticos que deshaciendo afirmaciones previas, se involucró decididamente en los dos cauces del destino insular: el de la Revolución (que es creación nacional), el de la Reacción, a veces escondida en la Reforma (las fuerzas que propician la disolución del proyecto nacional: el regionalismo, el racismo, el «anexo-reformismo», es decir, aquellos intereses de clase cuya satisfacción presuponía la conservación del status quo , y que se expresaban socialmente en la forma de prejuicios raciales o de un profundo desprecio hacia las masas). Quiero insistir en una enseñanza de la historia poco atendida: la confluencia de la vanguardia artística y de la vanguardia política (de algún modo siempre comprendida como vanguardia ética), propició la fundación de la nación. En las condiciones neocoloniales de Cuba, el hilo conductor de la creación artística establecía un camino ineludible: lo nacional no necesariamente era viejo, a veces era la creación del arte nuevo, a veces también lo viejo era inauténtico, una imposición prescindible, y si lo nuevo podía enarbolar el espíritu nacional, su aparición adquiría la connotación de un acto anticolonial, era un hecho inesperadamente político. Los pintores abstractos en Cuba fueron portadores de ese espíritu, se opusieron a la dictadura de Batista, y se incorporaron con fervor al proceso revolucionario que se inició en 1959. El grupo Orígenes se constituyó en torno a principios ético-religiosos (en la creación y la aprehensión culturales) que misteriosamente empalmaban con la Revolución. La frase de Fidel —«dentro de la Revolución, todo: contra la Revolución, nada» (6) — ha sido doblemente descontextualizada: de la tradición que le da origen y del entorno histórico y textual en que se produce. En la tradición martiana, Revolución es la confluencia de la verdad, la justicia y la belleza.

Pero hemos diferenciado gobierno y poder, ¿dónde ubicar la cultura, entendida como el conjunto de valores, sentidos y significados que la sociedad crea? Generalmente solo vemos la cultura «gubernamental», la llamada cultura oficial y la confundimos con la que genera el poder. Este es invisible, y predetermina nuestra mundivisión. A veces la llamada cultura oficial funciona como contracultura. Quiero detenerme en este punto. Un gobierno revolucionario es de hecho un gobierno disidente; la cultura que promueve (generalmente a ciegas, instintivamente) es, a escala global, una contracultura que se enfrenta a la cultura «oficial» dominante. Aunque un gobierno revolucionario, como poder, pueda burocratizarse, inmovilizarse, retroceder. Frecuentemente produce valores ajenos u opuestos a los que proclama o desea. En los países este-europeos los gobiernos del socialismo irreal no pudieron o no supieron crear una auténtica cultura socialista. En cambio, la cultura o la seudocultura que genera el poder global se colaba por los intersticios de su razón revolucionaria.

La juventud es felizmente la edad de la sospecha; los jóvenes universitarios sospechan de todo: de sus padres, de los libros, de las verdades inculcadas. El capitalismo no se preocupa ante esos cuatro o cinco años de sospechas, siempre que no sobrepasen los límites del aula y no contacten con la certidumbre de los explotados. Cuando los muchachos se gradúan, la vida ajusta sus aprehensiones: es la hora de abandonar los sueños y de poner los pies en la tierra. «El que a los veinte años no es comunista, no tiene corazón; el que a los treinta siga siéndolo, no tiene cerebro», decía un viejo refrán del Reader's Digest. El socialismo enfrenta, sin embargo, una extraña paradoja: como estado revolucionario él mismo representa La Sospecha, ante el pasado «vencido» y ante el mundo. Pero los jóvenes no conocen el pasado ni han vivido en otro mundo. Sospechan entonces en primera instancia del propio estado revolucionario. Sospechan de La Sospecha: ¿habrá sido realmente malo el pasado?, ¿será realmente tan malo el capitalismo? La solución no es obviamente coartar la sospecha, como intentaron inútilmente los socialismos este europeos, sino entregarle a los jóvenes la verdad: compleja, contradictoria, revolucionaria, irremediablemente anticapitalista, sin paternalismos e ingenuidades. Y cuando aludo al innato sentido anticapitalista de la verdad no excluyo la crítica al socialismo (a sus desvíos no socialistas), una crítica que debe conducir a más socialismo. El poder global emplea todos los sinuosos recursos del mercado (del consumo) para monitorear la sospecha de los jóvenes en los estados revolucionarios —la sospecha, por supuesto, hacia el propio estado revolucionario—, y sobornar a los intelectuales, que pueden adquirir con ella fama de insobornables y de paso, dinero. Me refiero a la sospecha improductiva y paralizante, no a la duda necesaria. Sospechar no es dudar, así como ser rebelde no es todavía ser revolucionario; aunque nadie acceda a la duda razonable, o a la condición de revolucionario, sin antes haber sentido desconfianza o haberse comportado como un «rebelde sin causa».

Los intelectuales revolucionarios enarbolan la crítica como síntoma y condición de vitalidad transformadora. Pero no siempre pueden discernir claramente cuál es el poder a enfrentar. Y le adjudican el rótulo de Poder lo mismo al poder global que al limitado contrapoder revolucionario. Cabría hacer una pregunta de difícil respuesta: ¿cuál es la cultura dominante en Cuba?, ¿la contradictoria y débil (en ocasiones, esquemática; en ocasiones, sorprendentemente vital) que genera el contrapoder revolucionario?, ¿o la de las películas del sábado, la de las discotecas, la del modo de vida yanqui? El contrapoder revolucionario no puede evitar que sus propias instituciones estimulen la cultura globalmente dominante, porque la humanidad no cuenta con una cultura alternativa bien definida. A veces, en lugar de criticar las concesiones o las abdicaciones de la contracultura que genera un gobierno revolucionario, o de analizar sus contradicciones, los intelectuales acatan sin saber las órdenes del poder global (aceptan acríticamente sus enunciados) y se convierten en implacables críticos del contrapoder. El Sistema Global, obviamente, nunca destaca en los países disidentes a los críticos que promueven la revitalización del contrapoder revolucionario, sino a quienes asumen la crítica del contrapoder desde el oficialismo global capitalista, o a quienes eligen «voluntariamente» la abstención descreída, el escepticismo militante. Los «rebeldes» que destaca el Sistema Global, cansados de las «locuras» revolucionarias, enarbolan el sentido común, el tibio resguardo hogareño, y acatan el ritual festivo del consumo. Odian la retórica (y la práctica) del heroísmo cotidiano. No quieren ser héroes, y para vivir tranquilos, necesitan demostrar que los héroes no existen. La rebeldía consiste en la sumisión. Los «revolucionarios de terciopelo» (los «ex») adoran la Coca Cola y los Mc Donalds, y son más papistas que el Papa.

La caída de los estados «socialistas» europeos, y la difusión de sus manquedades históricas (también el ocultamiento de sus logros) crearon el vacío necesario para la instalación de verdades abstractas funcionales al Sistema: la democracia representativa, cada día menos representativa y menos democrática, se adjudicó el título de verdad universal. Los estados revolucionarios han enfrentado siempre un dilema: permitir la «libre difusión de las ideas», concepto que significa la libre difusión de la cultura dominante, oficial, contrarrevolucionaria, en un mundo que todavía no dispone de una cultura alternativa bien estructurada, o limitar y adecuar su inserción social. Ante la duda, han optado por cerrar la puerta y evitar la contaminación; pero la cultura dominante llega de maneras muy diversas, en la forma de inocentes películas, de objetos para el consumo, de paraísos prometidos, y los ciudadanos, vulnerables e ignorantes, enferman. Construir una política informativa que muestre y explique, que cultive el pensamiento crítico revolucionario, que promueva una auténtica cultura integral, es la única alternativa viable. Por otra parte, las restricciones informativas pueden ocultar desviaciones del propio estado revolucionario. La información es poder. La cultura dominante burguesa, por supuesto, reclama la «libre» circulación de la información que genera el Sistema Global para su autoconservación, y enmascara la verdad entre miles de pistas falsas o parciales. La libertad burguesa de información incluye la libre difusión de la mentira.

Construir una cultura revolucionaria nueva, como pedía Gramsci, significa formar a las nuevas generaciones de ciudadanos en la cultura de la crítica y la autocrítica. No de una crítica abstracta, sin asideros éticos, sino de una crítica que restaure y sostenga la contracultura revolucionaria: una crítica creadora. No se trata en este caso ni de consejeros, ni de simples críticos, sino de partícipes del contrapoder (no necesariamente desde funciones gubernativas, pero tampoco necesariamente ajenos a estas, no como conciencia crítica, reservorio de lucidez evaluadora, sino como conciencia participativa). La crítica, por otra parte, no puede ser teoricista, ideologizante. Como ha dicho Frei Betto con razón, el intelectual orgánico de izquierda siempre se ubica junto a los pobres («con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar», escribía José Martí), toma partido no por la letra o el significado estrecho de una teoría, sino por su sentido libertario. No es el intelectual pequeño burgués que describiera Roque Dalton en un poema: «Los que / en el mejor de los casos / quieren hacer la revolución / para la Historia para la lógica / para la ciencia y la naturaleza / para los libros del próximo año o el futuro / para ganar la discusión e incluso / para salir por fin en los diarios / y no simplemente / para eliminar el hambre / para eliminar la explotación de los explotados» (7). La ciencia es un instrumento, no un fin. Digámoslo sin rubor: la teoría social es y solo puede ser ancilar. La filosofía cubana del siglo XIX se autodenominó electiva, en tanto pretendía reconstruir la sociedad, no la teoría. Esto no supone un alejamiento de la verdad: solo la verdad conduce a la liberación. Esta última (la liberación, es decir, la práctica) es quien la valida.

Pero los revolucionarios no siempre llegan al gobierno en la dinámica de un proceso revolucionario. Y vivimos una etapa histórica en la que parecen ser otros los caminos. Fidel Castro apuntaba el 26 de junio de 1998: «Hoy ya la cosa es de otro carácter, es mundial, es la fuerza del pueblo, la educación, la conciencia; las masas, con un creciente poder, son las que tendrán que resolver estos problemas. (…) Serán otras tácticas, ya no será la táctica al estilo bolchevique, ni siquiera al estilo nuestro, porque pertenecieron a un mundo diferente. Serán otros caminos y otras vías por los cuales se irán creando las condiciones para que ese mundo global se transforme en otro mundo. Yo no concibo otra globalización que no sea la globalización socialista» (8). Es decir, que la cultura adquiere una importancia decisiva en un mundo donde el poder se ejerce a partir de un control casi absoluto sobre los medios de comunicación, sobre el proceso de formación de la opinión pública, sobre la orientación de sus necesidades y de sus elecciones, un sistema de poder que sin embargo es frágil y poroso, de manera que es complementado con el uso de la violencia en sus diferentes formas. Un mundo que puede conducir a la destrucción de todos: víctimas y victimarios, indefensos y poderosos. Nunca antes confluyeron de manera más elocuente los principios éticos y los reclamos prácticos: el pragmatismo político conduce hoy a la justicia social. No es casual que Fidel proclamara en los primeros años posteriores a la caída del llamado campo socialista, ante el asombro de algunos, que lo primero que había que salvar era la cultura. La cultura es poder. El poder revolucionario es el triunfo de la cultura.

De hecho, la distancia cada vez mayor entre el ejercicio del gobierno y el del poder, ha originado una crisis en los partidos políticos y en el sistema electoral representativo burgués. En Cuba, esa crisis permitió que un movimiento revolucionario desplazara en 1959 a todos los partidos tradicionales. Pero en el mundo contemporáneo son ya habituales las figuras políticas que emergen repentinamente, sin aparentes bases partidistas. El poderoso y heterogéneo movimiento que se opone a la globalización neoliberal siente fobia hacia los partidos políticos. En realidad, el desplazamiento de las clases y de los grupos sociales, su reordenamiento, y los cambios de orientación ideológica, bruscos y oportunistas, en los partidos tradicionales, afectan la identificación de unos y otros. Los explotados son hoy muy diversos, muy heterogéneos, y sus zonas de coincidencia son móviles: en Brasil, decía Frei Betto, no existe un proletariado, sino un pobretariado. Los explotadores, por su parte, son menos visibles, y pueden prescindir de las antiguas estructuras partidistas de poder. «Y, ¿si no existe representación para qué sirve la política? ¿Si no existe Estado Nacional de qué sirve conquistar el poder?», se preguntaba recientemente en La Habana Francisco de Oliveira (9). En Chiapas, el subcomandante Marcos ha declarado que los zapatistas «no se proponen la toma del poder del Estado ni del gobierno ni [pretenden] convertirse en un partido político»; su intención es construir un pequeño pero efectivo poder local. Luis Villoro interpreta sus palabras como una renuncia al poder y elogia su actitud. Pablo González Casanova, por el contrario, insiste en que es una estrategia para su conquista desde abajo o en espacios alternativos (10). ¿Reformismo? Desde el siglo XIX en Cuba el espíritu reformista se aferra a lo aparente (a lo aparentemente posible), aún cuando sistemáticamente demuestre su imposibilidad, mientras que la actividad revolucionaria desprecia la atmósfera y fija su mirada y sus metas en el subsuelo, en lo aparentemente imposible, devenido como única posibilidad histórica.

¿Es posible la reforma revolucionaria? Bienvenidos los pequeños espacios de poder, de resistencia, siempre que no olvidemos que el Poder acecha, y que ahora o después deberemos enfrentarlo. Si la reforma afecta y modifica aspectos esenciales del Sistema, entrará inevitablemente en contradicción con el poder global y será cuestionado por este. La experiencia histórica no deja margen para la duda: Cárdenas, Árbenz, Bosch, Alvarado, Allende, Chávez, tuvieron o tienen una alternativa única: radicalizar el proceso de reformas (construir una revolución) o perecer. Si en Chiapas se ensayan formas locales de gobierno verdaderamente revolucionarias, ¿por qué llamarlas reformas?, ¿por su alcance territorial?, ¿acaso Cuba no es una pequeña isla también? Otros, en su desesperada carrera por alcanzar el llamado poder político en el espacio total de un país, abandonan sus principios originarios y olvidan que el único contrapoder capaz de retar el poder global, es el del pueblo. Suele hablarse hoy con insistencia de una izquierda democrática, opuesta a los métodos y a los fines (la forma determina el contenido) de una izquierda revolucionaria. Rafael Rojas, ideólogo de la nueva derecha miamense- madrileña, escribe: «La vergüenza de asumir la derecha, típica de la cultura política cubana, sin embargo, no es tan grave como el hecho de que la mayoría de nuestros izquierdistas fueron revolucionarios, es decir, autoritarios (...)» (11). La década de los noventa engendró una «nueva izquierda» intelectual. Culta, moderada, «democrática», antirradical, capaz de situarse siempre por encima de las ideologías, en el punto medio, y de espantarse ante los «extremismos» de izquierda, aunque tolere comprensivamente los de la derecha. Es una «izquierda democrática» que se opone más a la llamada izquierda revolucionaria, que al capitalismo, que mira «hacia la cultura dominante, como fuente de veracidad, objetividad, prestigio y reconocimiento», en palabras de James Petras (12). Mientras más moderada es en sus afanes reformistas, más agresiva y fundamentalista es la derecha que la creó. Mientras más se abraza a los conceptos abstractos de democracia y libertad, más los vacía de contenido la derecha. Es una izquierda que cree en un capitalismo que los diseñadores del capitalismo ya declararon obsoleto. Al nuevo orden le conviene esta izquierda: mientras reclama elecciones libres en Cuba, coloca a Bush en el poder mediante fraude u organiza un golpe de estado contra el presidente electo en Venezuela. Pero los verdaderos antónimos son otros: democracia y aristocracia (o plutocracia), revolución y reacción (o contrarrevolución). «La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la Revolución», escribía José Martí.

A la vilipendiada toma del poder estatal como punto de partida de las transformaciones revolucionarias, le queda en nuestra América un ejemplo: Cuba. Sin embargo, esos espacios políticos en los que confluyen gobierno central y poder, como el de la Revolución cubana, evidencian día a día su capacidad transformadora.

La cultura y la globalización de la solidaridad

En su libro Sociología de la Revolución, el martiniqueño Franz Fanon caracterizaba la relación siempre problemática de los colonizados con la cultura (impuesta como «superior») de los colonizadores, y la aceptación «bajo sospecha» de sus «adelantos científicos», entre los cuales se anunciaba la medicina y la arrogante presencia de los médicos occidentales (13). Los médicos cubanos que brindan sus servicios en apartadas zonas latinoamericanas o africanas no son, por supuesto, representantes del mundo colonial, pero sí portadores de la cultura que identifica a ese mundo. ¿Por qué son aceptados? Una respuesta rápida y superficial alegaría que ofrecen servicios gratuitos. En este caso, se reduciría la relación humana a un intercambio de beneficios, que pasa por alto la sospecha y la resistencia cultural ante lo ajeno, así como evidentes manifestaciones de cariño. Por otra parte, en algunos países muy pobres, como Haití, los hospitales públicos cobran a sus pacientes una cantidad mínima —que es grande, para muchos— como único recurso de autofinanciamiento, y aunque los cubanos no reciben ni participan de ese cobro, pueden aparecer como parte indiferenciada del todo. Y sin embargo, la población distingue la actitud de esos especialistas por sobre la de otros países, e incluso, por sobre la de algunos nacionales. No se trata, desde luego, de una virtud inherente al «espíritu nacional» de los cubanos. Entonces, ¿qué es?

Nuestra hipótesis es esta: la ausencia absoluta de un sentimiento de clase. Los médicos formados en otras sociedades cargan con ese prejuicio inconsciente, salvando naturales excepciones. He visto a médicos honestos acudir a zonas indígenas o muy pobres y comportarse en esos lugares «a la altura de sus pobladores», lo que inconscientemente significa «descender» a ellos. Los he visto usar guantes para auscultar a pacientes de enfermedades no contagiosas. Rechazar cortésmente alguna bebida o alimento ofrecidos con agradecida humildad. Ignorar, como prácticas salvajes, los remedios caseros o tradicionales, y escuchar con expresión risueña o impaciente la explicación del llamado curandero. Los médicos cubanos jamás se piensan a sí mismos como parte de una clase superior o inferior. Tocan a los pacientes con las manos, no están apurados para irse, y conversan con ellos como simples vecinos o amigos. En realidad lo son, porque cargan el agua, ayudan en tareas colectivas y están dispuestos a pasar la noche en vela junto al enfermo. En otras palabras: no reciben o visitan pacientes, sino seres humanos, a los que tratan de igual a igual. Agreguemos ahora (y solo ahora) que son buenos especialistas, y que no cobran. Esos médicos han derribado las naturales aprehensiones culturales de sociedades históricamente marginadas. Son bien recibidos en las más intrincadas aldeas de Benin, Argelia, Guatemala, o Paraguay; en países y pueblos musulmanes o cristianos; mayas o guaraníes. Demuestran con su presencia que no existe un irremediable conflicto cultural o de civilizaciones entre los seres humanos. El conflicto que sí existe, y que se agudiza cada día, es entre explotados y explotadores.

La experiencia del internacionalismo médico cubano actualiza otra conclusión «manida»: no son suficientes la buena voluntad de un filántropo, aún de aquel dispuesto al mayor de los sacrificios personales, ni la actividad o el dinero de una o varias ONG empeñadas en la reorientación de vidas concretas, para que se produzcan transformaciones decisivas. Recuerdo que el padre Josep Aguilá llevaba doce años viviendo en Wampusirpe, una aldea misquita en territorio hondureño, cuando arribaron los médicos cubanos. En su extraño «palacio» había reunido una biblioteca de autores clásicos occidentales y una videoteca de películas «nobles» que exhibía con ayuda de una pequeña planta eléctrica; desde allí trataba infructuosamente de cambiar el destino vital de sus vecinos. En un año los médicos recién arribados redujeron en varias decenas de puntos el índice de mortalidad infantil. Un Estado revolucionario todo lo subvierte. No puedo asegurar cuáles fueron las motivaciones reales, pero Aguilá renunció después al sacerdocio, y se casó con una bella misquita, que había enseñado a leer y a escribir. Ernesto Che Guevara también albergó la idea de trabajar como médico en El Petén guatemalteco, pero no pudo realizar su sueño. Años más tarde, en 1960, le dijo a los estudiantes cubanos de medicina: «…yo había viajado mucho —estaba en aquellos momentos en Guatemala, la Guatemala de Árbenz— y había empezado a hacer unas notas para normar la conducta del médico revolucionario. (…) Entonces, me di cuenta de una cosa fundamental, para ser médico revolucionario lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar» (14). La solidaridad internacionalista cubana se estructura en una red médica que enlaza cada aldea con su centro municipal, cada municipio con su capital regional o provincial, y cada región con la capital del país (se emplean para ello las mismas instituciones de salud del país, a las que las brigadas cubanas se subordinan), y dispone de los recursos humanos y materiales mínimos para la ejecución de programas de atención integral. Evidencia que no son necesarios grandes recursos, que los resultados son posibles si existe voluntad política. La presencia de los médicos cubanos en Centroamérica fue significativamente considerada por algunos colegios médicos nacionales como subversiva. El sorprendente resultado de esa colaboración, hay que decirlo, no se debe al apoyo reformista de los gobiernos que la acogen, sino a la capacidad revolucionaria del gobierno que la envía.

No es exacto del todo decir que Cuba no se beneficia de esa colaboración. Los médicos y enfermeros cubanos que viajan a esos países se «reciclan» como revolucionarios. Más allá de sus motivaciones personales —el deseo de viajar y conocer otros lugares, la posibilidad de ahorrar algún dinero del pequeño estipendio recibido, el interés científico ante la variedad de patologías que deben enfrentar—, la entrega solidaria frente a la pobreza y el abandono de los pueblos visitados renueva en ellos el sentimiento revolucionario. La vitalidad de una revolución puede medirse por sus grados de solidaridad interna y externa. Muchos médicos internacionalistas han cumplido previamente «misiones» en apartadas zonas del territorio cubano. En las naciones centroamericanas comprendí que la contracultura de la solidaridad tiene raíces interiores, imperceptibles, en los cubanos. Para los pobladores más humildes que recibían la ayuda, los internacionalistas eran héroes. Ellos contaban con una ventaja invisible sobre sus colegas locales: el desinterés de la entrega no comprometía su futuro. Detrás de ellos había un Estado protector. Pero ciertas reacciones, ciertas conductas, eran extrañas e incomprensibles: pertenecían a otro mundo que se revelaba real, el mundo socialista. El heroísmo expresa la conciencia histórica que los individuos tienen de sí mismos: si el acto de entrega adquiere un sentido individual trascendente, el sacrificio se transforma en realización personal. La casualidad puede provocar actos heroicos, pero no héroes. Cuando el personaje principal del filme cubano Madagascar se busca en la Plaza de la Revolución, convencido de que puede aparecer en la foto del periódico, es porque allí, aún rodeado de un millón de personas, se había sentido el protagonista. Precisamente, su abrupta «comprensión» de que era una más, revela su pérdida de sentido, de horizonte.

Los trabajadores sociales, los maestros emergentes, no solo ayudan a los demás, se ayudan a sí mismos. Siempre he creído que cuando algún chofer me recoge y me adelanta solidariamente en las calles sitiadas de La Habana, no soy yo el único beneficiado: se beneficia él, porque tuvo la oportunidad de ser solidario, y se consolida la Revolución. El socialismo no es la imposición de metas colectivas opuestas o ajenas a las individuales, es la confluencia de unas y otras. No tanto porque las colectivas se conviertan en individuales, sino porque las individuales se asuman como colectivas. La tarea de zapa que silenciosamente realiza la cultura oficial global es la de oponerlas; desmantelar la trascendencia de cualquier vida, hacer que parezca solitaria y finita. La Revolución no convoca a las masas sin rostro; cada individuo asume en ella su excepcional protagonismo histórico. La primera tarea desmovilizadora de la cultura oficial global es la de borrar los rostros de la multitud, transformar la multitudinaria cita de individualidades en una masa histérica o dócil, aceptar y promover lo individual únicamente en el ámbito de lo privado. La cultura de la solidaridad funciona como contracultura en un mundo rabiosamente individualista. «De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace», alertaba Martí, aunque frecuentemente se nos sirve hoy un seudopensamiento coloreado, de utilería, como el pavo que Bush mostró a las cámaras en el aeropuerto de Bagdad. De cualquier manera, no tenemos otra opción que ganarla «a pensamiento», como pedía la sentencia martiana. Nuestra fuerza es la verdad.

Los medios globalizadores repiten, una y otra vez, la palabra tránsito para referirse a Cuba, como si se tratara de un proceso indiscutible, perentorio, inminente. No se discute por qué es necesario el tránsito, ni hacia dónde, son datos que se dan por supuestos. Es obvio que se trata de un tránsito hacia el redil: Cuba debe retornar a la senda del buen comportamiento, ceder en sus pretensiones descabelladas de independencia, acatar la norma común neoliberal, el neocoloniaje bien retribuido para sus clases dominantes, los conceptos abstractos de democracia, y renunciar al poder, es decir, al contrapoder del Estado revolucionario. Cuba se prepara para enfrentar una agresión armada si fuese necesario. Pero la batalla principal es otra. Salvar la cultura es lo primero que debemos hacer, decía Fidel, y se refería a la contracultura de la resistencia y de la creación. La verdadera guerra que enfrentan hoy los pueblos no es entre civilizaciones «buenas» y «malas», sino la que se nos impone entre la cultura de la dominación y la cultura de la liberación.

NOTAS:

1. Gabriel García Márquez: La verdadera muerte de un presidente, en Entorno, Boletín Especial de Cubarte, año 1, No. 16, 10 de septiembre de 2003

2. Frei Betto: Lula: el nuevo tiempo de la izquierda, en La Jornada , México D. F. , lunes 30 de diciembre de 2002;

3. Enrique Ubieta Gómez: «Cuántos terroristas hay en el mundo que nosotros entrenamos» / Entrevista a Wayne Smith, ex jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, en Trabajadores, La Habana, 8 de octubre de 2001;

4. Juan Marinello: carta personal a Manuel Navarro Luna del 4 de abril de 1937, inédita, Fondo Navarro Luna, Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana;

5. Rubén Martínez Villena: «Carta abierta a Jorge Mañach», en El grupo minorista y su tiempo, selección, prólogo y notas de Ana Cairo, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975;

6. Fidel Castro: «Palabras a los intelectuales», en Revolución, Letras, Arte, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1975;

7. Roque Dalton: La pequeña burguesía (sobre una de sus manifestaciones), en Últimos poemas, Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 1993;

8. Fidel Castro: «Discurso», 26 de junio de 1998, en Globalización neoliberal y crisis económica global, La Habana, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 1999;

9. Francisco de Oliveira: «¿Están abiertas las vías para América Latina», conferencia impartida en la apertura de la Conferencia General del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, La Habana, octubre, 2003;

10. Arturo Jiménez: «Para terminar con las relaciones de poder es necesario construir unas relaciones de poder que puedan oponérseles» / Debate entre Pablo González Casanova, Atilio Borón y Luis Villoro sobre el zapatismo y el poder, en La Jornada, México D.F., 28 de noviembre de 2003;

11. Rafael Rojas: «El derecho de la derecha», en El Nuevo Herald, Miami, marzo, 2001;

12. James Petras: «Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad», en Rebelión, 2003;

13. Franz Fanon: Sociología de la Revolución, México, D.F., Ediciones ERA, 1976, p.97

14. Citado por Adys Cupull y Froilán González en Un hombre bravo, La Habana, Editorial Capitán San Luis, 1994, pp. 176 y 177.

Martí y Marx, raíces de la Revolución Socialista de Cuba

Martí y Marx, raíces de la Revolución Socialista de Cuba

Armando Hart Dávalos. Director de la Oficina del Programa Martiano


Cuando procuramos establecer una relación entre el pensar de Martí y el de Marx, lo hacemos por dos razones, la primera, porque en el siglo XX ambas corrientes de pensamiento se articularon en la Re‑ volución Cubana y ello reviste una gran importancia para la formación política y cultural de las nuevas generaciones; y la segunda, porque la necesidad de alcanzar la síntesis de diferentes corrientes del pensamiento socialista es una exigencia para la evolución intelectual y moral de la humanidad.

Es tal el caos intelectual y la carencia de ideas nuevas que para reconstruir la evolución filosófica de lo que llamaron Occidente se hace necesario investigar y relacionar los hilos principales del tejido ideológico de los últimos dos siglos. Para los cubanos, Car‑ los Marx y José Martí representan los planos más altos del saber filosófico y humanista de la cultura europea y latinoamericana del siglo XIX, respectivamente.

No subestimamos las posibilidades de otras búsquedas con diversas personalidades de la cultura filosófica política y social, por el contrario, no solo nos parece útil, sino indispensable hacerlo. Es nuestra aspiración que así se haga para arribar a una orientación válida en la búsqueda del camino certero para la liberación humana.

En los siglos anteriores, las pugnas ideológicas venían impues‑ tas por las necesidades del enfrentamiento cultural. Desde luego, se llevó a la exageración. En ello, obviamente, influyeron las pasiones humanas, pero en nuestro siglo XXI constituye un requerimiento intelectual y moral alcanzar la integralidad del pensamiento y ello solo es posible con la interrelación de las diversas ramas y la búsqueda de una síntesis cultural universal. Los cubanos encontramos dicha síntesis a partir de estos dos gigantes del pensamiento: Martí y Marx. Sobre tales fundamentos estamos dispuestos, como ordenó Martí, a injertar al mundo en nuestras repúblicas, pero que el tronco sea el de ellas. Nos orientamos por el método electivo de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela, así también entendemos nosotros la concepción dialéctica de Marx y de Engels.

La dispersión intelectual presente en la llamada postmodernidad revela, en los comienzos de un nuevo siglo, el agotamiento cultural del sistema burgués imperialista que ha fragmentado hasta convertir en polvo todos los valores o diseños conceptuales que durante dos milenios conformaron el llamado pensamiento occidental.

El dogmatismo ha servido siempre de sombrilla ideológica al egoísmo individual. Por ello, los espíritus egocéntricos proclaman la imposibilidad de todo esquema que pueda presentarse para el estudio de la realidad. Ya no tienen, siquiera, capacidad para establecer nuevos dogmas e invalidan la búsqueda de diseños teóricos, sin embargo, estos son imprescindibles para encontrar los caminos a favor de la justicia universal y salvar a la humanidad de catástrofes de proporciones incalculables.

José Martí nos habló precisamente de la necesidad de una filosofía de las relaciones. La tradición intelectual anterior al Apóstol nos planteó a su vez el método electivo que comporta una elección a favor de la justicia que Luz y Caballero caracterizó como el sol del mundo moral. Para la cultura cubana esto no resulta antagónico con el pensar materialista dialéctico de Marx, muy por el contrario, se complementan, a partir de asumir el ideal de redención del hombre en la Tierra, el más alto desde el punto de vista ético.

Para iniciar nuestro análisis partiremos de la siguiente premisa: las aspiraciones a la liberación universal del hombre y el trabajo socialmente organizado están insertadas, de un modo u otro, en la larga evolución intelectual, moral y religiosa de la civilización desde hace dos mil años.

Las debilidades del sistema imperialista norteamericano se hallan, en buena medida, en la ignorancia, desinformación y el tratamiento anticultural de esas claves. La pregunta es la siguiente: ¿Es posible dominar el mundo que llaman unipolar sin una sólida base cultural y filosófica? Es el desafío que tienen ante sí los hombres que vivirán bien entrado el siglo XXI y aquellos que trabajamos para una vida superior en la centuria recién iniciada, que muchos de nosotros individualmente no nos será posible disfrutar, pero será el siglo de nuestros hijos y nietos.

Es bueno puntualizar que la idea del socialismo con este nombre o aquel no surgió con Marx. El mérito del autor de El capital consistió en darle contenido y proyección científico-social a una antigua aspiración utópica presente en diversas etapas de la historia de la humanidad. Ejemplos sobresalientes los tenemos en el cristianismo durante sus inicios y en la utopía socialista que podemos representarnos, entre otros muchos, en Tomás Moro.

Precisamente en el cristianismo primitivo estaban idealmente presentes los dos elementos esenciales ya mencionados, es decir, la aspiración a la liberación del hombre en la Tierra y la de aso‑ ciarse en comunidad y ellos constituyen las semillas de la tradición utópica de lo que más tarde llamaron Occidente. En la historia de las sociedades clasistas durante estos dos mil años han venido siendo tergiversados y aplastados por una civilización nacida y desarrollada a partir de la codicia, la ambición personal y el egoísmo. Hoy, la exacerbación de estos factores negativos amenaza aplastar definitivamente todos los valores creados por esa civilización.

Para enfrentar esta amenaza, los cubanos edificamos y perfeccionamos la república con todos y para el bien de todos que soñó Martí y que identificamos hoy con el ideal socialista. En Marx y Engels estaba presente la aspiración de alcanzar la liberación radical del hombre y la igualdad social. Lo planteaba sobre el presupuesto de la revolución y del análisis científico de las diversas vías y formas para alcanzarlo asumiendo el desafío de promover la redención del hombre y propiciar las facultades humanas de asociarse. Al someter a un examen crítico profundo la historia de las sociedades clasistas de Europa fundamentó su inmensa obra filosófica y científico-social. Ese pensamiento, el más elevado del viejo continente, es objeto hoy de juicios críticos, pero las limitaciones que como toda obra humana tiene, son las propias de su espacio y tiempo histórico. Lo cierto es que el pensamiento socialista en general representa la cumbre más alta de la cultura de los últimos dos siglos.

Una cuestión esencial en el análisis que se debe hacer en el siglo XXI acerca del materialismo histórico se refiere a la aspi-ración utópica y su papel en la lucha de la humanidad por la igualdad social y la solidaridad universales. Este propósito en sí mismo es una utopía en el sentido que debemos considerarlo actualmente

En este tiempo, que muchos llaman postmoderno, continúan manifestándose las dos corrientes fundamentales del pensar occidental y que en el lenguaje de la filosofía de Marx y Engels se conoce como oposición entre idealismo y materialismo. Pero busquemos una fórmula más comprensible para entender el problema. Esas corrientes son:

1. La evolución del pensar científico que concluyó en su más alta escala con el pensamiento científico racional y dialéctico. A este respecto, después de Marx y Engels no se ha alcanzado nada más elevado en filosofía, a no ser por aquellos que partieron de sus fundamentos y los enriquecieron.

2. La tradición del pensamiento utópico que tiene raíces asentadas en las ingenuas ideas religiosas de las primeras etapas de la historia humana y que en la civilización occidental se nutrió inicialmente, y en su ulterior evolución, de lo que conocemos por cristianismo.

Ambas tendencias, necesarias para el desarrollo y estabilidad han venido siendo desvirtuadas y tergiversadas a lo largo de la historia por la acción de los hombres. Unas veces cayendo en el materialismo vulgar y otras en el intento de situarse fuera de la naturaleza ignorando sus potencialidades creativas. Martí hablaba de la necesidad de relacionar la capacidad intelectual del hombre y sus facultades emocionales. Por esto hablamos del pensamiento filosófico de un lado, sobre el respeto a lo mejor y más depurado de las ideas científicas, y del otro, lo que se ha llamado pensamiento utópico. Es decir, las esperanzas y posibilidades de realización hacia el mañana.

Una filosofía que se corresponda con los intereses de los pueblos será aquella que articule uno y otro plano partiendo de la idea leninista de que la práctica es la prueba definitiva de la verdad. Y del principio martiano de procurar la fórmula del amor triunfante.

¿Por qué el amor no va a situarse como una fuerza real de consecuencias objetivas si, como se observa, genera y enriquece la vida real? ¿Por qué no se traslada esta verdad históricamente comprobada al campo de la vida social? Porque el egoísmo es también una fuerza real. Toda utopía supone un ideal y no se invalidan en los forjadores del socialismo científico los móviles ideales, la utopía en sí, sino que se plantea la necesidad de estudiar sus orígenes económicos, sociales y culturales.

Martí afirmó que no había poesía mayor que la que observaba en los libros de ciencia. Einstein aseguraba que la confirmación de sus leyes matemáticas muchas veces la encontraba en la belleza estética de la conclusión. En el siglo XXI se deben exaltar la utopía y las razones científicas que puedan ayudar a su confirmación en la realidad.

Examinemos este aspecto clave para relacionar el pensamiento de Marx con el de Martí a la luz del propio pensamiento del autor de El capital. Él sostenía que la poesía de la revolución europea del siglo XIX solo podía generarse desde el futuro y afirmaba:

Entonces no habrá dudas de que el mundo ha poseído durante largo tiempo el sueño de una cosa, de la cual sólo le basta la consciencia para poseerla realmente. Entonces no habrá duda de que el problema no lo constituye el abismo que se abre entre los pensamientos del pasado y los del futuro, sino la realización de los pensamientos del pasado.1

Hay en estas formulaciones doble poesía, la de soñar con el futuro y la de procurarlo por vías científicas. Se trata de un sueño profético.

Continuando esta línea de pensamiento Antonio Gramsci afirmaba: En la acumulación de ideas que se nos ha trasmitido a través de un milenio de trabajo y pensamiento, existen elementos poseedores de un valor eterno, los cuales no pueden ni deben perecer. La pérdida de la conciencia de estos valores es uno de los signos más alarmantes de degradación que ha ocasionado el régimen burgués, porque para éste todo es convertible en objeto de transacción comercial y el arma bélica, y nuestra tarea consiste en recuperarlos y hacerlos brillar con una nueva luz.2

Con relación a la utopía, Engels decía que la inconsecuencia no estaba en mantener móviles ideales, sino en no analizar sus causas fundamentales. Analicemos ahora las relaciones del pensamiento de Marx con la cosmovisión martiana.

El acento científico predomina en los análisis de Marx, el sentido utópico y poético en el de Martí, pero en ambos hay utopía y hay ciencia, y, sobre todo, en ambos se aspira a la liberación universal del hombre y a desarrollar formas colectiva de orga-nización de los hombres para lograrlo.

Las diferencias entre la forma de presentar la cuestión entre Marx y Martí están determinadas por el espacio geográfico y la tradición cultural en que cada cual se movía. Marx es la expresión del movimiento redentor del siglo XIX en Europa donde el capitalismo había alcanzado su más alto desarrollo incluyendo las contradicciones clasistas que le son inherentes y Martí asume y representa la tradición emancipadora de nuestra América. Desde su estancia como emigrado en Estados Unidos analizó el drama que se incubaba en el seno de esa sociedad durante las últimas décadas de ese siglo, es decir, cuando se gestaba el imperio estadounidense. El Apóstol llegó a su cosmovisión enfrentándose directamente a la esclavitud y a la opresión colonial y asumiendo el pensamiento revolucionario moderno europeo y la tradición bolivariana; recogió la tradición ética de la cultura de raíz cristiana en su acepción más pura y original.

Marx y Engels, forjadores de las ideas socialistas, asumieron el pensamiento de liberación y de la modernidad sobre el fundamento de la larga evolución intelectual y filosófica que culminó en Hegel. Ellos lo trascienden y lo sitúan en una escala superior, lo llevan a la acción, pero enfrentándose a las concepciones reaccionarias que sobre la espiritualidad venían de la peor herencia medieval y de la Inquisición y, por tanto, de las concepciones metafísicas conservadoras que trazaban radical divorcio entre lo que llamamos materia y lo que denominamos espíritu.

Si hacemos una comparación acerca de cómo Marx y Engels trataron la cuestión de la subjetividad desde la primera crítica al materialismo de Feuerbach, y lo comparamos con el pensamiento filosófico de José de la Luz y Caballero, encontraremos nexos que a muchos pueden parecerles sorprendentes.

Dicen Marx y Engels en la primera crítica al materialismo anterior: El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo.3

Por su parte, Medardo Vitier al exponer los aspectos esenciales de las ideas de José de la Luz y Caballero, señala que para este el criterio de la verdad: no radica objetivamente en el mundo exterior, no radica subjetivamente en nosotros; surge, se organiza como una congruencia entre lo objetivo y lo subjetivo.4

El error o la insuficiencia presente desde el origen de las ideas filosóficas estuvo en trazar un abismo infranqueable entre lo que se llamó objetivo (materia) y lo que se llamó subjetivo (espíritu) cuando ambos planos tienen una profunda interrelación, forman parte de la unidad material del mundo —para decirlo en el lenguaje de Marx— o la unidad de la naturaleza —para expresarlo en términos que empleaba José Martí.

En la tradición filosófica cubana sobresalen estas ideas de Luz y Caballero:

[...] A torrentes han de llover las luces de todas las ciencias humanas sobre el más privilegiado entendimiento, antes que se dé un solo paso en el primero de los estudios en el orden de la importancia, pero el último en el orden del tiempo y la dificultad. Deslindar los fenómenos del instinto y de la inteligencia, examinar las causas que pueden alterar dichos fenómenos, o lo que es igual, marcar la influencia de las edades, de los climas, de los temperamentos, de las enfermedades, conocer al hombre sano y al enfermo [...]sólo el capítulo de la enajenación mental es un episodio que respecto de los conocimientos auxiliares que requiere, se vuelve otro asunto principal; [...]. Y más adelante señala: [...] Fisiología, y quien tal dice, dice Física, Historia natural, Anatomía comparada, Medicina, Matemáticas (porque es menester notar la marcha del espíritu humano en todos sus ramos). Psicología y por descontado Ideología, Gramática, Lógica; y quien así se explica, ya incluye todos los recursos de la Crítica y Filología, y por cima de todo y para todo una razón sumamente fortificada y maestra en el ejercicio de la investigación; en una palabra, para el estudio del hombre es menester más que el hombre, toda la naturaleza.5

Luz exige de las ciencias intelectuales o espirituales y por tanto de la moral, su comprobación práctica, es decir, su confirmación con el ejemplo. El valor de sus ideas se halla en que solo con la integralidad de las diversas ramas de la cultura se puede alcanzar la racionalidad y la comprensión científica acerca de la importancia de la ética. Porque esta última se interrelaciona con todas las formas del actuar tanto en lo individual como en lo social.

En carta de Engels a José Bloch, sumamente esclarecedora, señala: ...Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en la frase vacua, abstracta, absurda. Y seguidamente explica lo siguiente: La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta —las formas políticas de lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas —ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma.6

La historia de la sociedad humana es en efecto un combate muchas veces abierto y otras encubierto entre explotadores y explotados, esto es así por factores económico sociales, y además, porque, como decía el Apóstol, los hombres van de dos bandos, los que aman y funda, y los que odian y destruyen. Esto también es una verdad científica; es decir, junto a los condicionamientos económicos que determinan, en última instancia, la división clasista, están presentes las ambiciones individuales que por naturaleza posee el hombre. En un mundo idealizado donde todos fueran altruistas, triunfaría el socialismo de manera natural, pero ese mundo no existe, sin embargo, hay que entender, a su vez, que los hombres no solo poseen ambición y egoísmo, también tienen, sobre todo potencialmente, enormes posibilidades de generar la bondad, la solidaridad y la inteligencia en su más pleno alcance y esta es otra verdad científica. Estos sentimientos y facultades están presentes en la naturaleza social de los hombres y pueden ser estimulados con la educación y la cultura.

Engels decía que las sociedades clasistas habían generado riquezas enormes apelando a las ambiciones más viles de los hombres a costa de sus mejores disposiciones. Con este pensamiento del genial compañero de Marx y la dolorosa experiencia del siglo XX, podemos comprender que el desafío ético es un elemento sustantivo para edificar una sociedad socialista, es decir, para estimular las mejores disposiciones humanas a favor de la solidaridad universal.

¿Y cuáles son las mejores disposiciones humanas? Obviamente la solidaridad y la cooperación entre los hombres y Engels tenía que considerarlas como consustanciales a la propia naturaleza del hombre. En la Europa de entonces, alcanzarlas era posible solo en el otro mundo. La tradición cultural cubana, al situar el tema de la creencia en Dios en el arbitrio de cada cual, aquí en la tierra, despejó este importante problema. Al no considerar la creencia religiosa como antagónica con las ciencias le abrió un camino decisivo al pensamiento científico, filosófico y social cubano. Hoy, en el siglo XXI, estamos en condiciones de probar prácticamente, con las experiencias positivas o negativas del siglo XX, que las mejores disposiciones humanas solo se pueden alcanzar pro‑ piciando un cambio radical de los fundamentos económicos, políticos y sociales. Esto es posible con un alto nivel de desarrollo económico, una organización social socialista de la producción y distribución de la riqueza y el apoyo decisivo de la educación, la cultura y la política culta. Para ello es necesario establecer el principio ético de que la justicia es el sol del mundo moral y en el fomento de una cultura general integral y masiva.

Hay un pensamiento de Fidel que resulta síntesis de todos estos nobles propósitos:

El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir [...] 7

Una concepción de la inteligencia como la presente en Martí, confirmada por los modernos progresos de las ciencias psicológicas, nos subraya su integralidad de forma tal que penetra y se sintetiza no solo en la capacidad intelectual del hombre, sino, también, en las emocionales y en su voluntad orientada hacia la acción transformadora. Pensamiento, acción, sentimiento y vocación de servicio están presentes en la naturaleza humana.

Toda inteligencia genuinamente creadora va inclinada hacia la acción y se expresa en una síntesis de informaciones que van integrándose en forma de sentimientos que mientras sea más amplia, abarca mayor número de personas. Por lo tanto, la inteligencia se orienta hacia una ética superior y en ella están protegidos todos sin excepción. De esta forma considera Martí que la inteligencia se vincula con la bondad y la brutalidad con la maldad. Los modernos avances de la psicología confirman este pensamiento martiano.

Esto se relaciona con las preocupaciones o advertencias que Martí hacía acerca de los posibles peligros del triunfo de las ideas socialistas. Señala en carta a Fermín Valdés Domínguez:

Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo: Por lo noble se ha juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras —el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas— y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, —como fue Marat cuando el libro que le dedicó con pasta verde— a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa. Muy bueno, pues, lo del 1° de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso.” 8

Obsérvese que Martí concreta los peligros de las ideas socialistas —como tantas otras— en la incultura y la maldad humanas, es decir, en factores subjetivos.

¿Dónde están las profundas raíces filosóficas de tantos errores y horrores? Nacen de una interpretación dogmática de la relación entre forma y contenido. No se entendió que ambas categorías carecen de existencia independiente, se trata de una relación dialéctica. Estúdiense las ideas de Engels en su famosa carta a José Bloch, 22-23 septiembre de 1890, y en la dirigida a Francisco Mehring en 1893 y se comprobará lo que afirmamos. En la referida carta a Mehring señala Engels con tono autocrítico:

Falta, además, un solo punto, en el que, por lo general, ni Marx ni yo hemos hecho bastante hincapié en nuestros escritos, por lo que la culpa nos corresponde a todos por igual. En lo que nosotros más insistíamos —y no podíamos por menos de hacerlo así— era en derivar de los hechos económicos básicos las ideas políticas, jurídicas, etc., y los actos condicionados por ellas. Y al proceder de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma, es decir, el proceso de génesis de estas ideas, etc. Con ello propor cionamos a nuestros adversarios un buen pretexto para sus errores y tergiversaciones.” 9

No obstante estas advertencias del ilustre amigo de Marx, se continuó cometiendo el error y se cayó en un materialismo tosco en que se simplificaban hasta el absurdo las relaciones entre la estructura y la superestructura, es decir —para usar la expresión del propio Engels— se pasó por alto la importante cuestión de la génesis de las ideas. Precisamente en ello estuvo el fundamento de la diferencia y aproximaciones entre la cultura de Marx y de Martí, recogían una evolución intelectual anterior con distintos matices pero, en esencia, expresan el mismo drama social del hombre y la necesidad de utilizar la ciencia y la cultura para abordarlo y la necesidad de asociarse para ponerle fin.

En las ideas de Marx y las de Martí se observan diferencias en la forma de plantear esta aspiración, pero hay una comple‑ mentación entre ambas que nos orienta a tomar en cuenta los factores económico-sociales en que insiste Marx y, a la vez, asumir a plenitud la importancia de los que, en lenguaje marxista, se denominan de la superestructura, y en los cuales Martí hizo especial énfasis.

Otro aspecto sustantivo está en el estudio que Martí hizo del imperialismo norteamericano, en gestación durante su estancia en ese país (1880-1895). Como se sabe, esta no es una cuestión tratada por Marx, fue Lenin, quien tres o cuatro décadas después caracterizó al imperialismo desde el punto de vista del materialismo histórico. El análisis realizado por Lenin desde Europa sobre el imperialismo tiene importantes coincidencias con las formulaciones martianas hechas desde Nueva York cuando se estaban produciendo en Estados Unidos profundos cambios económicos y sociales y hacen su aparición los monopolios y el capital financiero.

Un estudio de la obra de Martí y en especial su denuncia sobre los gérmenes funestos que se gestaban en Norteamérica en las décadas finales del siglo XIX, permite establecer un paralelis‑ mo con los análisis posteriores de Lenin. Martí estudió al imperialismo y lo caracterizó económicamente. Existe copiosa literatura al respecto, entre ella, sus comentarios a la Conferencia Panamericana de Washington de 1889. El elemento esencial del planteamiento martiano con relación al imperialismo radica en la constatación de un desarrollo económico-material orientado hacia el individualismo en una sociedad que frenaba o desviaba el desarrollo cultural y espiritual. Este es el drama del imperialismo que en el siglo XXI se manifiesta con mayor fuerza.

El fenómeno del paso del capitalismo de libre concurrencia al capitalismo monopolista es analizado por Martí que lo denuncia y caracteriza de modo ejemplar: El monopolio está sentado como un gigante implacable, a la puerta de todos los pobres. Todo aquello que se puede emprender está en manos de corporaciones invencibles formadas por la asociación de capitales desocupados a cuyo influjo y resistencia no puede sobreponerse el humilde industrial [...] Este país industrial tiene ya un tirano industrial.10

Con precisión asombrosa describe el asalto al poder económico y político por parte de la oligarquía de los banqueros con todas sus ramificaciones en la sociedad norteamericana de esa época. En 1885 escribe: Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencia e influencia, cercan con lazos invisibles al Congreso, sujetan de la rienda la legislación, como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y reparten ganancias en la sombra. Son los mismos siempre; siempre con la pechera llena de diamantes; sórdidos, finchados, recios: los senadores les visitan en las horas silenciosas; abren y cierran la puerta a los millones: son los banqueros privados. 11

Tres años más tarde, en abril de 1888, con todo ese proceso más avanzado y más visible aún va al fondo y sentencia: ... se ve como todo un sistema está sentado en el banquillo, el sistema de los bolsistas que estafan, de los empresarios que compran la legislación que les conviene, de los representantes que se alquilan, de los capataces de electores, que sobornan a estos, o los defienden contra la ley, o los engañan; el sistema en que la magistratura, la representación nacional, la Iglesia, la prensa misma, corrompidas por la codicia, habían llegado, en veinticinco años de consorcio, a crear en la democracia mas libre del mundo la más injusta y desvergonzada de las oligarquías.12

En el terreno social no vacila en señalar las terribles condiciones laborales que les son impuestas a los obreros y desde luego toma partido denunciando que los salarios de los trabajadores del ferrocarril no pasan de un mendrugo y una mala colcha, para que puedan repartirse entre sí dividendos gargan‑ tuescos los cabecillas y favorecidos de las compañías...13

El expansionismo fuera de las fronteras que ese desarrollo imperialista generaba fue también analizado por Martí y asume la denuncia de los peligros que representaba para la independencia de Cuba y para los países de Nuestra América. En artículo para La Nación de Buenos Aires, escrito en octubre en 1885, caracteriza a la “camarilla” financiera y sus propósitos del siguiente modo: Como con piezas de ajedrez, estudian de antemano, en sus diversas posiciones, los acontecimientos y sus resultados, y para toda combinación posible de ellos, tienen la jugada lista. Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda máquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Perú, los Estados del Norte de México.14

Cuatro años más tarde en 1889, en carta a Serafín Bello, le expone sus temores sobre Estados Unidos que son en esencia los mismos que expresara, en víspera de su muerte, a Manuel Mercado: Llegó ciertamente para éste país, apurado por el proteccionismo, la hora de sacar a plaza su agresión latente, y como ni sobre México ni sobre Canadá se atreve a poner los ojos, los pone sobre las islas del Pacífico y sobre las Antillas, sobre nosotros.15

Otro aspecto clave de la relación entre el pensamiento del Apóstol y el autor de El capital radica en que tanto en la filosofía de Marx, como en el pensamiento del prócer cubano, podemos encontrar una concepción orientada a proyectar la cultura hacia la transformación del mundo. Eso es muy importante porque la tra-dición europea en el terreno filosófico —como dijo Marx— se había limitado a una función descriptiva.

En cuanto a Martí, toda su vida fue un empeño para la transformación del mundo y por una interpretación cultural que ayudara para tal propósito. El gran escritor y poeta que dominaba a la perfección y enriquecía las formas del lenguaje, llegó a afirmar: Hacer es la mejor manera de decir.

Para asumir la defensa de los intereses de las masas explotadas y de la humanidad en su conjunto, es necesario orientarse por una fundamentación cultural. Muchas veces se suele actuar sin ella, pero el propósito de liberación humana requiere objetivamente de la cultura. Los que desdeñan una elaboración de este carácter, lo hacen para proteger intereses inmediatos sin tomar en consideración una perspectiva de largo alcance. Relacionar los intereses inmediatos con tal perspectiva es, precisamente, labor de la cultura. Se suele incurrir, a la vez, en un error a la inversa al hacer elaboraciones teóricas sin tener en cuenta la práctica. Este es un aspecto cardinal de la historia de las ideas y Cuba asumió la línea de transformar el mundo a partir de la cultura. El pensamiento socialista de Marx y Engels se lo planteó también de esta manera.

Pasemos ahora a examinar cómo valoró Martí la figura de Marx en su carta al periódico La Nación fechada el 29 de marzo de 1883 en ocasión de su muerte:

Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas.16

Para Martí la cuestión social era un componente esencial de la política. Quien escribió: [...] con los pobres de la tierra/quiero yo mi suerte echar, quien postuló: [...] como se viene encima, amasado por los traba­jadores, un universo nuevo; quien a su vez subrayó —refiriéndose a Carlos Marx— que: [...] no fue sólo move­dor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido de ansia de hacer bien; quien destacó que [...] Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos, y quien se convirtió en el dirigente de los obreros tabaqueros de Tampa y se planteó la independencia de Cuba como un deber de carácter continental y universal, incluía necesariamente en su ideario político la cuestión social e internacional.

El partido que constituyó tenía como base social original a los trabajadores de Tampa y Cayo Hueso; no formulaba su radicalismo social en la forma en que se exponía en la cultura europea, sino en la mejor tradición literaria de nuestra América. En la esencia de sus concepciones estaba el drama social del hombre presente también en la tradición obrera y socialista del viejo continente.

En relación con la idea de que espanta lanzar unos hombres contra otros, hay que tomar en cuenta que en esa misma época Martí preparaba la guerra necesaria contra el poder español en América para evitar a tiempo la expansión del imperio yanqui. Martí no vaciló en convocar esa guerra necesaria que aún cuando aspiraba a que fuese “humanitaria y breve” estaba consciente que traería también enfrentamiento, muerte y destrucción.

En cuanto a la crítica que él formula sobre el extremismo es necesario tener en cuenta que entonces en Nueva York las ideas anarquistas estaban muy confundidas con las concepciones marxistas que prevalecían en Estados Unidos. Engels, desde Europa, señalaba severamente que en Norteamérica no se estaban aplicando consecuentemente las ideas de Marx. Es sabido que ambos alertaron siempre contra los extremismos y las formulaciones de los anarquistas.

En 1886, Engels refiriéndose a las deformaciones y malas interpretaciones de la teoría de Marx en Estados Unidos señaló:

A mi juicio, muchos alemanes que viven en Norteamérica han cometido un grave error cuando, al verse cara a cara con el poderoso y glorioso movimiento fundado sin su participación, intentaron convertir su teoría importada y no siempre entendida correctamente, en algo así como una elleinse ligmachendes Dogma (un dogma que lo salva todo) y se mantuvieron apartados de todo movimiento que no aceptaba ese dogma. Nuestra teoría no es un dogma, sino la exposición de un proceso de evolución que comprende varias fases consecutivas. Esperar que los norteAmericanos emprensan el movimiento con plena conciencia de la teoría formada en los países industriales más antiguos es esperar lo imposible.17

La cuestión que Marx expresó en la célebre frase de que la violencia es la partera de la historia, la entendemos hoy de la siguiente manera. Quienes generan la violencia son los reaccionarios y conservadores que se resisten a los cambios y obligan a los pueblos a lanzarse a la revolución. Así lo entendió José Martí cuando organizó la guerra necesaria, así lo entendemos nosotros y así, puedo suponer yo, lo entendía Carlos Marx.

La clave de la cuestión está en que la violencia no está generada por los socialistas, sino por las condiciones económico-sociales y la alientan los reaccionarios. Por ello, debemos trabajar siempre como lo ha hecho la Revolución Cubana por mostrar que la violencia es siempre responsabilidad del enemigo. Esto, teniendo en cuenta, además, el principio de que la mujer del César no tiene solo que ser honrada, sino también debe parecerlo.

Podemos apuntar también otro elemento en Martí que muestra un acercamiento al ideal socialista. Señaló que el secreto de lo humano estaba en la facultad de asociarse. Me parece que el principio de liberación radical del hombre que enunciaran los forjadores del socialismo científico y que estaba presente también en el centro del ideal martiano, son puntos de coincidencia bastante profundos que permitieron, en el siglo XX, que los primeros comunistas cubanos surgieran del pensamiento martiano, y estas ideas las podemos defender hoy como martianos y socialistas.

Las revoluciones populares del siglo XX han mostrado una y otra vez que es condición de su éxito que el ejército popular actúe bajo la dirección de una vanguardia política; lo que no hace sino comprobar que “la guerra” —como había dicho Martí— “es un pro­cedimiento político”. Pero a finales del siglo XIX, sin ningún precedente en nuestra América, el propósito de que el partido influyera en la orientación de la guerra, no podía sino sorprender. Solo que lejos de ser, por ello, un continuador de los “civilistas” del 68, Martí era un precursor de los revolucionarios radicales del siglo XX. Habría que esperar a que el desarrollo de la historia echara una luz reveladora sobre el hecho para que esto se viera con toda claridad.

Si estudiamos las formas, métodos y principios organizativos del Partido Revolucionario Cubano, comprobare­mos la precisión que Martí alcanzó con respecto a cómo apoyar políticamente la guerra. Asimismo, si analizamos las bases del partido de Martí observamos cómo la práctica le llevó a aplicar principios de organización, algunos similares a los desarrollados por Lenin en el Partido Socialdemócrata Ruso.

El Partido Revolucionario Cubano no era una simple suma de afiliados, sino que era, propiamente, un com­plejo de organizaciones. Los Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano, establecen textualmente:

El Partido Revolucionario Cubano se compone de todas las asociaciones organizadas de cubanos independientes que acepten su programa y cumplan con los deberes impuestos en él. Más adelante señalan: El Partido Revolucionario Cubano funcionará por medio de las asociaciones independientes, que son las bases de su autoridad [...] 18

Es decir, el Partido Revolucionario Cubano de Martí era un complejo de organizaciones, poseía bases programáticas y estatutos democráticamente aprobados y una definida política antimperialista.

Esto, en la Cuba de 1892 ,era realmente extraordinario. Recuérdese, que en los años iniciales del siglo, Lenin debió desarrollar una polémica por imponer dentro de la social democracia rusa el principio de que el partido debía ser un complejo de organizaciones. Por otra parte, fue en pleno siglo XX que la fase imperialista del capitalismo fue denunciada y explicada por Lenin.

No constituye un hecho casual que la fundación del Partido Revolucionario Cubano tuviera lugar en Cayo Hueso, donde se encontraban los obreros tabaqueros emigrados. Asimismo, la presencia, conocida y valorada por Martí, de marxistas, socialistas utópicos y anarquistas en el seno del partido es cuestión sobresaliente. También es significativo que fuera precisamente a Carlos Baliño a quien Martí le dijera: Revolución no es la que vamos a hacer en la manigua, sino la que vamos a realizar en la República.

Los hechos del Primero de Mayo en Estados Unidos tuvieron una repercusión inmediata en nuestro país. En 1889 se acuerda por primera vez conmemorar la fecha con manifestaciones obreras. Se convoca para el Primero de Mayo de 1890 una jornada internacional de los trabajadores. En esa conmemoración inicial estuvo presente la todavía incipiente clase obrera cubana. Estos hechos de gran significado no pasaron inadvertidos para Martí. Sus amigos socialistas le escribían desde Cuba acerca de sus ideas. Martí les alentaba a continuar estudiando los problemas sociales y elogiaba estas inquietudes.

Pero, desde luego, la tarea y el papel de Martí eran otros. Tenía que organizar y dirigir la guerra por la independencia de Cuba para evitar a tiempo la expansión yanqui por América. Las condiciones históricas que prevalecían en América y en el mundo al terminar la guerra de independencia, hicieron que el programa del Partido Revolucionario Cubano no pudiera ser realizado.

En 1925 se había producido en el país un desarrollo de la clase obrera. Había tenido lugar en el mundo el triunfo de la Revolución de Octubre. La influencia del leninismo se proyectaba sobre nuestra patria. Julio Antonio Mella y Carlos Baliño buscan las raíces de su programa político en el Partido Revolucionario Cubano, en el partido al que pertenecían los obreros tabaqueros de Cayo Hueso, y piensan en él como la gran necesidad inmediata.

Julio Antonio Mella comprendió como pocos las raíces martianas de la Revolución Cubana y apreció su papel movilizador en las luchas que estaban por librarse. Como se ha señalado, nuestro Héroe Nacional era tan revolucionario que, no pudiendo admitir sosegadamente los obstáculos y limitaciones de su época, lanzó sin embargo para el porvenir una bandera y un programa que aun hoy constituyen un ideal a alcanzar por muchos pueblos de América.

La historia, en el caso de nuestra patria, mostró con ejemplaridad que el programa del Partido Revolucionario Cubano era un antecedente necesario del programa socialista de nuestra Revolución. iAsí lo vio Mella; así lo vio Fidel!

Esto explica el hecho de que al transcurrir tres décadas de su muerte, quienes mejor comprendieran el pensamiento de Martí fueran los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba: Julio Antonio Mella y Carlos Baliño.

No podían los sectores burgueses criollos del siglo XX, vacilantes y subordinados al imperialismo yanqui, entender el pensamiento humanista, popular, ultrademocrático y antimperialista de José Martí. Ello hubiera rebasado sus propios intereses de clase.

[...] Consiste, en el caso de Martí y de la Revolución, tomados únicamente como ejemplos, en ver el interés económico-social que “creó” al Apóstol, sus poemas de rebeldía, su acción continental y revolucionaria: estudiar el juego fatal de las fuerzas históricas, el rompimiento de un antiguo equilibrio de fuerzas sociales, desentrañar el misterio del programa ultrade­mocrático del Partido Revolucionario, el mila­gro —así parece hoy— de la cooperación estrecha entre el elemento proletario de los talleres de la Florida y la burguesía nacional; la razón de la existencia de anarquistas y socialistas en las filas del Partido Revolucionario etcétera. 19

La Revolución de Martí, triunfadora del Primero de Enero de 1959, y la lucha victoriosa de nuestro pueblo, permiten hoy comprender mejor estos fenómenos. No hubiera sido posible entender en toda su profundidad la cuestión sin las luchas de nuestro proletariado, de los campesinos y estudiantes cubanos. No se hubiera entendido sin las batallas libradas por el propio Mella, Martínez Villena, Guiteras, Menéndez; por los combatientes del Moncada, de la Sierra, de la clandestinidad y de Girón.

La razón de estos hechos hay que encontrarla en la estrecha relación entre las luchas por la independencia y por la justicia social.

Ya en 1868 se había vinculado el problema de la independencia con la cuestión social de la esclavitud. En 1895, se empieza a relacionar el problema de la independencia con el de la tierra. En 1925, la necesidad de combatir la dominación imperialista va unida al problema de la tierra y a la lucha por la liberación de la clase obrera contra la opresión burguesa.

En los años de la fundación del primer Partido Comunista no fue posible que se cumpliera el programa de Martí. Habrían de transcurrir 30 años, para que el programa de Martí se comenzara a cumplir. En 1953, Fidel Castro plasma el programa del Partido Revolu­cionario Cubano en La historia me absolverá. El programa del Moncada era, en esencia, el programa del Partido Revo‑ lucionario Cubano. Con el triunfo de la Revolución ese programa se fue cumpliendo con toda fuerza, energía y valor. Abrió para siempre los caminos de la independencia nacional y de la liberación de la clase obrera y de las masas explotadas.

Martí estuvo con su influencia en la fundación del primer Partido Comunista. Estuvo también presente en las leyes nacionalistas y antimperialistas de Antonio Guiteras. Estuvo presente en el Granma, en la clandestinidad y en la Sierra. Sus ideas triunfaron el Primero de Enero de 1959. En esa fecha gloriosa alcanzó la victoria la Revolución de Martí. Una Revolución que conquistó, para siempre, la independencia nacional, la liberación de los explotados, la democracia plena y que abrió el camino del socialismo en nuestra patria.

Y si alguien considera que la Revolución Cubana se salió del esquema de Marx, diríamos que el tal esquema no es ni de Marx, ni de Engels ni de Lenin, y a modo de confirmación repasemos el siguiente texto de Marx y Engels:

Las fases sociales y económicas que estos países tendrán que pasar antes de llegar también a la organización socialista, no pueden, creo yo, ser sino objeto de hipótesis bastante ociosas. Una cosa es segura: el proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria.20

Resulta muy esclarecedor para este estudio desde el mate‑ rialismo histórico de las aproximaciones y diferencias entre el pensamiento de Marx y Martí las ideas expuestas por Marx en su Carta a la Redacción de los Anales de la Patria:

A todo trance quiere convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ella concurra, para plasmarse por fin en aquella formación económica que, a la par que el mayor impulso de las fuerzas productivas, del trabajo social asegura el desarrollo del hombre en todos y cada uno de sus aspectos. (Esto es hacerme demasiado honor y al mismo tiempo, demasiado escarnio.)

Más adelante señala:

Estudiando cada uno de estos procesos históricos por separado y comparándolos luego entre sí, encontraremos fácilmente la clave para explicar estos fenómenos, resultado que jamás lograríamos, en cambio con la clave universal de una teoría general filosófica de la historia, cuya mayor ventaja reside precisamente en el hecho de ser una teoría suprahistórica.21

Engels por su parte señala:

Según la concepción de Marx, toda la marcha de la historia —trátase de los acontecimientos notables— se ha producido hasta ahora de modo inconscientes, es decir, los acontecimientos y sus consecuencias no han dependido de la voluntad de los hombres; los participantes en los acontecimientos históricos deseaban algo diametralmente opuesto a lo logrado o, bien, lo logrado acarreaba consecuencias imprevistas. Más adelante agregaba: [...] toda concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.22

No obstante tan claras conclusiones, Marx y Engels han venido siendo atacados de dogmáticos. Es importante analizar las raíces de estas acusaciones, incurren en un error de dogmatismo los que así se expresan; se produce una transferencia de fundamentos sicológicos. El mal del que padecen ellos se lo adjudican a estos sabios.

No sucede solo con los forjadores del socialismo científico, también en cuanto a otras grandes personalidades de la cultura cuando se les acusa de dogmáticos; se está demostrando que quienes lo sufren son sus impugnadores. Ocurre también que algunos que se consideran continuadores de estos filósofos hacen un reduccionismo de sus ideas y se comportan como dogmáticos. El pensamiento de Marx y Engels es por esencia antidogmático, allí está su clave verdadera.

Hoy se requiere una síntesis universal de cultura que articule lo mejor de las más diversas corrientes para el futuro humano. El materialismo histórico y la tradición filosófica cubana pueden servirnos para conformar, con las mejores ideas y sentimientos universales de los últimos dos siglos, dicha síntesis con el rigor crítico y la visión que corresponde al XXI. Esto puede hacerse desde la cultura cubana.

Fernando Ortiz caracterizó la cultura nacional como un ajiaco señalando la profunda interrelación de las diversas culturas que en Cuba se han conjugado. Estudió sus manifestaciones en el terreno sociológico y del arte. Hoy podríamos decir que, en el orden de las ideas filosóficas, también tenemos un ajiaco, pero con sabor a justicia. Es que en Cuba se sintetizaron en estos dos siglos corrientes fundamentales de lo que se llamó civilización occidental y las asumimos desde la autoctonía caribeña y latinoamericana para revolucionarlas. Y en esa síntesis intervienen los siguientes aspectos:

El inmenso saber de la modernidad europea, tal como la habían interpretado creativamente los maestros forjadores que nos representamos en Varela y Luz Caballero.

La más pura tradición ética de raíces cristianas que, como he dicho en otras ocasiones, en Cuba nunca se situó en antagonismo con las ciencias.

La influencia desprejuiciada de las ideas de la masonería en su sentido de universalidad y solidaridad humana que ejerció una gran influencia en la forja de la epopeya del 68 y en especial en las ideas de nuestros padres fundadores.

La cultura de raíz inmediatamente popular que nos simbllizamos en el pensamiento y sentimiento de la familia de los Maceo y Grajales y, especialmente, del Titán de Bronce. La caracterizamos como la forma y el sentido con que la población esclava del Caribe asumió las ideas de la modernidad.

La tradición bolivariana y latinoamericana que Martí enriqueció con su vida en México, Centroamérica y Venezuela, de donde partió hacia Nueva York en 1880 y proclamó: De América soy hijo: a ella me debo.

Las ideas y sentimientos antimperialistas surgidos desde las entrañas mismas del imperio yanqui. La presencia del Apóstol durante más de 15 años en Estados Unidos (más de la tercera parte de su vida) completó su inmenso saber y sintetizó el pensamiento político, social y filosófico desde la óptica de los intereses latinoamericanos y fue contribución decisiva a la conformación del pensamiento cubano. Martí se consideró siempre discípulo de Bolívar.

El pensamiento socialista de Marx, Engels y Lenin, tal como lo interpretaron Mella, Villena, el Che y Fidel Castro.

En otras latitudes, estas tendencias estuvieron encontradas y se expresaban de forma antagónica y en choques dramáticos. En la tradición cubana se produjo, durante los dos últimos siglos, una síntesis de ellas; no es que hayamos estado exentos de contradicciones y antagonismos, a veces agudos y peligrosos pero, como señalábamos, la resultante histórico cultural repre‑ sentó tomar de cada una lo que fuera útil para la emancipación humana, la solidaridad de nuestra América y los más vastos principios de universalidad.

Dijo Engels que el marxismo es un método de investigación y de estudio y Lenin lo calificó de guía para la acción. Se elige e investiga y nos guiamos hacia la acción con algún objetivo o propósito. Este se expresa en el ideal universal de justicia y en la República con todos y para el bien de todos del pensamiento martiano.

A este fin solo se llega a partir del concepto de integralidad de la cultura que la escuela cubana, y en especial Martí, nos enseñaran y que el pensamiento de Marx y Engels nos confirma.

Esta es la revolución socialista y martiana que Fidel está promoviendo y ella se expresa en la forma de hacer política. Es necesario estudiar las fórmulas prácticas de hacer política presentes en Martí, desarrolladas en el siglo XX por Fidel Castro, es decir, la Cuba de hoy. Esto se relaciona con los vínculos entre cultura y política. Estudiar los factores que determinaron el alejamiento e incluso el divorcio de estos dos planos de la vida social es el primer deber de quienes, en el siglo XXI, se propongan luchar por la redención del hombre, único camino para salvar a la civilización del colapso que la amenaza. Debe hacerse sobre la base de la cultura general integral que a los cubanos nos viene de la mejor tradición nacional y que tiene también fundamentos en el materialismo histórico. La mayor dificultad está en que esto solo se logra sobre el presupuesto ético de la lucha por la justicia y la solidaridad humana.

El movimiento de reformas universitarias iniciado en Córdoba, Argentina, en 1918,que contó entre otras figuras con José Ingenieros y Aníbal Ponce, se extendió por el continente, llegó a nuestro país y fue asumido por Julio Antonio Mella y los estudiantes universitarios. Pero pronto Mella comprendió que para realizar reformas académicas había que hacer una revolución social. Fue, por tanto, el fundador en Cuba del Partido Comunista y de la Liga Antimperialista.

En nuestro país a lo largo del siglo XX el pensamiento socialista mantuvo un gran respeto por la tradición de José Martí y la cultura cubana. El ideario cultural cubano del siglo XIX nutrió y enriqueció, durante el XX, las ideas socialistas en Cuba. Tras al asalto al Moncada el 26 de julio de 1953, Fidel Castro declararía que José Martí había sido el autor intelectual de la Revolución que triunfara en enero de 1959 y cuyo carácter socialista se proclamó en 1961. Es decir, la cultura cubana decimonónica fue elemento esencial para la comprensión entre nosotros de las ideas socialistas. Por eso insistimos en que si el ideario revolucionario de Mella y sus compañeros pudo rescatar de la mutilación y el olvido en que había caído en las primeras décadas del siglo XX el pensamiento patriótico y antimperialista de nuestro pueblo, hoy, en los inicios del XXI, trabajamos para fortalecer en nuestra patria el pensamiento socialista y ayudar a rescatarlo internacionalmente, a partir de la cultura cubana de dos siglos de historia, en la cual se destaca la figura de José Martí. Para arribar a conclusiones teóricamente válidas es necesario profundizar en los conceptos de cultura general integral y masiva en que viene insistiendo el compañero Fidel Castro.

A este fin solo se llega a través del concepto de integralidad de la cultura presente en el pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y de todos los grandes humanistas de la historia. Esta es la revolución humanista, socialista y martiana que Fidel está pro‑ moviendo.

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1 Carlos Marx: “Correspondencia de 1843”, en K. Marx: Obras escogidas, D. Mc. Lellan, Oxford University Press, 1977, p. 38.

2 A. Gramsci: “El príncipe moderno y otros escritos”. International Publishers, N. Y., 1957, p. 20.

3 Carlos Marx: “Tesis sobre Feuerbach.” Obras escogidas, Editorial Progreso, 1973, t. 1, p.7.

4 Medardo Vitier: Las ideas y la filosofía en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 1970, p. 214.

5 J. Luz y Caballero: “Cuestión de Método si el estudio de la Física debe o no proceder al de la Lógica”. La Polémica Filosófica,Vol. I, p. 87, Biblioteca de Clásicos Cubanos, 2000.

6 F. Engels: “Carta a José Bloch” , en C. Marx, F. Engels, Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1974, t. III, p. 514.



7 Fidel Castro: “Discurso pronunciado en la Universidad Estadual de Río de Janeiro, Brasil el 30 de junio de 1999”, periódico Granma, suplemento especial, 10 de junio de 1999.

8 J. Martí: “ Carta a Fermín Valdés Domínguez en mayo de 1894”, Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t.3, p. 167.

9 F. Engels “Carta a F. Mehring, Carlos Marx y Federico Engels”, Obras escogidas, t. III, p. 523.

10 J. Martí: Obras completas, t. 10, p. 84.
11 Ibídem, t. 13, p. 289.
12 Ibídem, t.11, p. 437.
13 Ibídem, t.10, p. 413.
14 Ibídem. t.13, p. 290.
15 Ibídem. t.9, p. 388.
16 Ibídem, t. 9, pp. 388-389.
17 F. Engels: “ Carta a Florence Kelley‑Weschnewetzky, C. Marx, F. Engels”, Obras escogidas, t. III, p. 509.



18 J. Martí. Obra citada, t. 1, p. 279
19 J. A. Mella: “ Glosas al pensamiento de José Martí”, en Siete Enfoques Marxistas sobre José Martí, Colección de Estudios Martianos, Editora Política, La Habana, 1978, p.13.



20 F. Engels:“Carta a Carlos Kautsky” en Obras escogidas, p. 508.

21 Carta a los Anales de la Patria, 1887.



22 F. Engels: “Carta a Werner Sombart”, en C. Marx, F. Engels: Obras Escogidas, t. III, pp. 533-534.

Las perspectivas del ALCA. Reunión ministerial de Miami

Las perspectivas del ALCA. Reunión ministerial de Miami

Por Dr. Carlos Alzugaray[1]

Después de un largo proceso de negociaciones, iniciado en 1994, hace ya nueve años, precisamente en la ciudad de Miami, por los Jefes de Estado y de Gobierno de 34 países de la región[2], los ministros encargados de pactar un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) concluyeron un día antes de lo previsto lo que en algún momento se pudo suponer sería el segmento final de estos cabildeos.[3] Así, el 20 de noviembre vio la luz el documento titulado Declaración de la Octava Reunión Ministerial de Comercio.[4] Con este documento, que se caracteriza por su ambigüedad y falta de definiciones, los ministros reconocen de hecho lo difícil y complejo que resultará alcanzar la meta propuesta en la Tercera Cumbre de Québec en el 2001: asegurar “que las negociaciones del Acuerdo ALCA concluyan, a más tardar, en enero de 2005, para tratar de lograr su entrada en vigencia lo antes posible, y no más allá de diciembre de 2005.”[5]

Un primer aspecto a destacar de lo alcanzado en esta Octava Reunión Ministerial de Miami es que se reiteran varias apreciaciones de partida que son sumamente discutibles. Así, en su párrafo 5º se hacen dos afirmaciones que reflejan enorme cautela pero que no pueden sino recabar el mayor escepticismo.

Según los ministros, el ALCA persigue como “objetivo final” el “lograr un área de libre comercio e integración regional.” La equiparación mecanicista entre un tratado de liberalización comercial y un proyecto de integración regional es uno de los errores más comunes resultantes del pensamiento único que hegemoniza y homogeniza el proyecto neoliberal de globalización. La historia demuestra que el libre comercio no lleva necesariamente a la integración regional, que no existe una relación de continuidad entre un proceso y otro. Pero, en el caso del ALCA, y eso es de conocimiento común, de lo que se trata en las negociaciones no es de la liberalización del comercio, debido a los obstáculos insalvables que pone Estados Unidos a la eliminación de leyes anti-dumping o de subsidios a sus producciones agrícolas. De lo que se trata es de crear las condiciones para darle a las corporaciones transnacionales posibilidades más favorables para sus inversiones en los países de la región.

Pero los Ministros fueron aún más lejos, y en ese párrafo 5º declaran “que reafirman su compromiso con un ALCA comprehensivo y equilibrado que fomentará con la mayor eficacia el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, el desarrollo y la integración a través de la liberalización del comercio.” Como ha recordado Atilio Borón, las verdaderas intenciones de Estados Unidos con el ALCA fueron en su momento explicitadas por una persona bien autorizada para hacerlo, Colin Powell: “nuestro objetivo es garantizar para las empresas norteamericanas el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio.”[6]

Sin embargo, debe reconocerse que detrás de la palabrería “oficial” de la Declaración, lo que se esconde es la profunda brecha que existe entre varios países de la región y Estados Unidos y la imposibilidad de llegar a un acuerdo que satisfaga a Washington. Así, los párrafos 6º y 7º lo expresan con total claridad (dentro de la habitual opacidad de estos documentos “diplomáticos”):

“6. Estamos conscientes de que el objetivo de las negociaciones debe ser un acuerdo equilibrado que aborde la cuestión de las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las economías del Hemisferio, mediante varias disposiciones y mecanismos.

“7. Tomando en cuenta y reconociendo los mandatos existentes, los Ministros reconocen que los países pueden asumir diferentes niveles de compromisos. Procuraremos desarrollar un conjunto común y equilibrado de derechos y obligaciones que sean aplicables a todos los países. Además, las negociaciones deberían permitir que los países que así lo decidan, dentro del ALCA, puedan acordar beneficios y obligaciones adicionales. Una posible línea de acción podría ser que estos países lleven a cabo negociaciones plurilaterales dentro del ALCA para definir las obligaciones en cada área respectiva.”

Lo que indican estas formulaciones es que la oposición de Venezuela, Brasil, Argentina y los pequeños países del Caribe hizo imposible a los negociadores norteamericanos alcanzar sus objetivos. Ya lo había advertido Laura Carlsen, especialista del Programa Americano del Consejo de Investigaciones Interhemisféricas en un artículo que se publicó en Internet el pasado 14 de noviembre, en el cual subrayó el nuevo clima existente en América Latina y el Caribe, recalcó la incapacidad del equipo negociador norteamericano encabezado por Robert Zoellick de aceptar soluciones de compromiso y el efecto positivo del éxito obtenido por los países subdesarrollados cuando lograron impedir la imposición de Estados Unidos y la Unión Europea en la reunión ministerial de la OMC en Cancún.[7]

Por supuesto, ninguno de los participantes en Miami estaba interesado en ofrecer un espectáculo como el acaecido en Cancún. De ahí que se buscara una salida que no diera la imagen de fracaso. Ello hubiera sido inaceptable para Washington. Tampoco convenía a Brasilia, cuyo gobierno sin duda ha jugado un papel de liderazgo. La idea de que Brasil y Estados Unidos presidieran este segmento a fin de que ambos tuvieran interés en llegar a algún acuerdo surtió el efecto buscado por sus propulsores, salvo que el acuerdo es más en lo que no se está de acuerdo que en lo que se está.

En Miami no se le pudieron quitar muchos corchetes al proyecto de acuerdo ya elaborado, lo que significa que si se eliminaran del texto las frases así marcadas, prácticamente no quedaría nada.

La Declaración ministerial permite llegar a todo tipo de conclusiones. Así, Alberto Acosta, del Diario Hoy, de Ecuador, escribió el 26 de noviembre: “Cumplida la reunión de ministros en Miami, por más que se diga lo contrario, el ALCA avanza. Más allá de las interpretaciones posibles sobre la cita ministerial, queda claro que la propuesta estadounidense de ‘libre’ comercio se mantiene. Hay un replanteo de los ritmos y quizás una consolidación de otras vías por demás conocidas, pero el rumbo no cambia.”

Sin embargo, quizás sea mejor interpretar los resultados de Miami examinando los planteos que se hacen desde la derecha. Así no puede dejarse de observar la amargura que destila la columna escrita por Andrés Oppenheimer en The Miami Herald del 23 de noviembre. El reputado comentarista de origen argentino afirmó sin ambages: “Los negociadores norteamericanos al diluir la Declaración de Miami para acomodar los planteamientos de Brasil sobre situaciones asimétricas, lograron que la administración Bush de hecho reviviera el proceso del ALCA, que parecía casi condenado al fracaso en los últimos meses.” [8]

No hay dudas de que Oppenheimer no hace más que “silbar en la oscuridad” ante un resultado tan dudoso como el obtenido en Miami.

Por cierto, uno de los asuntos que quedó pendiente y con pocas probabilidades de una decisión favorable a los anfitriones del cónclave, fue la sede de la eventual Secretaría del ALCA. En los meses que precedieron a la reunión ministerial, la alcaldía de la Miami, ciudad floridana conocida por su alta tasa de criminalidad y pobreza, y por la fuerte presencia de elementos cubano-americanos de ultraderecha en sus órganos de gobierno local, realizó una intensa labor de lobby para que se le otorgase tal sede. Con ese mismo fin desplegó un mecanismo de represión policial costosísimo a fin de evitar las manifestaciones de las distintas organizaciones de la sociedad civil transnacional que se oponen a acuerdos como el ALCA.[9] Cuál no sería su decepción al conocer que otras 9 ciudades, 5 de ellas norteamericanas, aspiran a este dudoso honor y que el asunto podría dirimirse más adelante en Puebla, Ciudad de Panamá o Puerto España, sedes de las próximas ministeriales y todas candidatas.

Los magros resultados de la reunión ministerial de Miami contrastan con las altisonantes Declaraciones de las Cumbres de la propia Miami (1994), Santiago de Chile (1998) y Quebec (2001). En el lado positivo queda el hecho de que Estados Unidos está aún bien lejos de concretar su proyecto de dominación por vía del Libre Comercio tal y como fue concebido por los Presidentes George W.H. Bush (cuando lanzó la Iniciativa de las Américas), William J. Clinton y George W. Bush en el ALCA. En el negativo, la falta de una estrategia común de enfrentamiento al proyecto. El devenir de los acontecimientos de aquí a 13 meses dirá el resultado. Por lo pronto, en distintos lugares de América Latina y el Caribe, los pueblos del continente comienzan ya a dar señales de que están conscientes de que la vía para superar la pobreza, el hambre y la desigualdad no es el “canto de sirenas” que nos viene del Norte.



La Habana, 1º de diciembre de 2003

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[1] Profesor Titular y Coordinador del Grupo de Estudios Estratégicos del Instituto Superior de Relaciones Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Correo electrónico: alzugarayc@minrex.gov.cu.

[2] Cuba no ha sido invitada a participar en estas deliberaciones y, por otra parte, ha manifestado claramente su desacuerdo con el proyecto.

[3] Las opiniones contenidas en este texto son propias del autor y no comprometen necesariamente ni al Gobierno ni al Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

[4] Véase Declaración en el sitio web del ALCA: http://www.ftaa-alca.org/Ministerials/Miami/declaration_s.asp.

[5] Véase Declaración en el sitio web del ALCA: http://www.ftaa-alca.org/ministerials/Quebec/declara_s.asp.

[6] Véase Atilio Borón, ‘ALCA: Del “Relato Oficial” a la Realidad. La culminación de un secular proyecto de dominación imperial cuyas raíces se hunden en la historia interamericana’, en http://www.alcaabajo.cu/sitio/alca/articulos/del_relato_oficial_28112.htm.

[7] Laura Carlsen, “US Unlikely to Achieve its FTAA Objective in Miami,” Americas Program, Silver City, NM: Interhemispheric Resource Center, November 14, 2003. Véase en la página web: http://www.americaspolicy.org/columns/amprog/2003/0311carlsen-op-ed.html.

[8] Andrés Oppenheimer, “Winners and losers at end of trade talks”, en The Miami Herald, 23 de noviembre de 2003, p. A12.

[9] Véase el relato de la maestra de escuela Coky Michel, que trató de expresar libremente su desacuerdo con el ALCA y fue brutalmente reprimida por las “fuerzas del orden”, según orientaciones del alcalde “Manny” Díaz: FTAA PROTESTS: Chaotic, forceful police muddy peaceful gathering, en The Miami Herald, 25 de noviembre de 2003, p. A21.

Entrevista a Marta Harnecker

Jesica Bossi
2do.enfoque

"Sin pueblo organizado, no hay proceso revolucionario"

Estudiosa de la realidad latinoamericana y de los movimientos populares, Harnecker analiza el proceso político venezolano. En diálogo con Segundo Enfoque la psicóloga y periodista chilena opina sobre la figura del líder bolivariano y su proyecto. Asimismo se refiere a la coyuntura política y económica, a los medios de comunicación y a una posible integración regional.

Luego de graduarse de Licenciada en Psicología en la Universidad Católica de Chile, en 1962, se dirigió a Francia. En esa época de efervescencia política y cultural, estudió con Louis Althusser, uno de los principales teóricos del marxismo. Más adelante, en 1969, su libro "Los conceptos elementales del materialismo histórico", se convirtió en un emblema para miles de latinoamericanos.

Hoy, Marta Harnecker dirige el centro de investigaciones Memoria Popular Latinoamericana (MEPLA), con sede en La Habana, Cuba, donde reside desde el golpe militar chileno. Observadora de los procesos de transformación social, ha divulgado trabajos y ensayos sobre distintas experiencias en América Latina. En los últimos tiempos, se ha dedicado al análisis de la llamada "revolución bolivariana". En ese sentido, entre sus más recientes libros se destacan: "Hugo Chávez Frías. Un hombre, un pueblo", en agosto 2002, y "Militares junto al pueblo", en abril de este año.

-En el documento "Democracia y participación popular", presentado en el Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana (10-04-03), Ud. sostiene que Chávez no es un dirigente populista sino revolucionario ya que no transforma "al pueblo en un mendigo que se acostumbra a pedir y a esperar de ese líder la solución de sus problemas sino que busca que el pueblo crezca, se organice, y vaya prescindiendo cada vez más de su liderazgo". ¿En que medidas y acciones concretas puede visualizarse esta postura?

Yo presencié una. Un campesino se le acercó en Puerto Cruz, donde fue a inaugurar una escuela, pidiéndole un camioncito para sacar sus productos agrícolas a la ciudad. ¿Y qué hizo él en aquella ocasión? Además de preguntarle por su familia, por su por su trabajo, le dijo que para conseguir un camioncito debía organizarse, buscar otros campesinos en su misma situación y formar una cooperativa. Y encomendó a una autoridad de la región que una vez hecho esto, se le entregara el camión que pedía.

Por otra parte el está siempre promoviendo la organización del pueblo de la más diversas maneras. Y es capaz de reconocer liderazgos naturales aunque estos líderes tengan posiciones críticas a algunas de sus iniciativas. Un ejemplo concreto de esto es el apoyo público que ha dado a Ramón Machuca, secretario general SUTISS, un poderoso sindicato siderúrgico. Este líder, aunque apoya el proceso de cambio que se está dando en Venezuela, es muy celoso de mantener una absoluta autonomía sindical frente al gobierno y por ello no ha aceptado asistir a reuniones de trabajadores en que Chávez aparece en un papel protagónico.

Tú sabes además que él es un convencido de que "los problemas de la pobreza sólo se pueden resolver dándole poder a los pobres." Esta idea la ha estado repitiendo constantemente en estos últimos meses y actuando en consecuencia. El desarrollo de las contralorías sociales para combatir la corrupción y de los consejos de planificación urbana van en ese sentido.

-El carisma y la personalidad de Chávez han contribuido a construir un mito entorno de su figura. En varias ocasiones, aparece como un "pastor", "protector", etc., que retroalimenta la leyenda. ¿Esto no se contradice con el propósito de promover la participación popular, de dar protagonismo al pueblo?

Lo que él hace precisamente es usar su liderazgo para estimular a la gente a organizarse, trata de que aprenda a resolver los problemas por sí misma. Yo lo veo como un liderazgo que es usado para ayudar a construir el sujeto social y político protagónico del proceso revolucionario.

Puertas adentro

El pasado 19 de agosto la gestión de Hugo Chávez cumplió la mitad de su mandato. El escenario político venezolano ha mutado. Y, mientras un amplio sector de la sociedad defiende el proyecto bolivariano, otro promueve la realización de un referéndum revocatorio para remover al presidente.

-Tengo entendido que la base de apoyo más importante de Chávez sigue estando conformada por los sectores populares y las Fuerzas Armadas. ¿Qué pasa con la clase media?

En Venezuela, como en Chile, uno de los objetivos de la estrategia opositora ha sido el de minar la base social de apoyo al proceso y sin duda que son los sectores medios, especialmente profesionales y técnicos, los más susceptibles de ser trabajados en este sentido. Son ellos los que más reciben el bombardeo mediático. Mientras los sectores populares no tienen dinero para comprar los periódicos y han decidido boicotear los canales de TV opositores; forma parte de la cultura de los sectores medios señalados el estar "bien informados", lo que en Venezuela significa estar sistemáticamente desinformado y, en muchos casos engañado por falsas informaciones que estos medios divulgan sin la menor preocupación ética.

Usando la guerra mediática y aprovechándose de las debilidades, errores y desviaciones de personeros del gobierno y del propio Chávez -quien, por lo demás, suele dirigir sus discursos de alto contenido pedagógico a los sectores populares más pobres, sin hacer grandes esfuerzos por lograr llegar a las capas medias-, la estrategia opositora logró convencer a importantes sectores medios de la necesidad de sacar a Chávez del gobierno.

Pero la actitud fascista del equipo de gobierno golpista encabezado por Carmona abrió los ojos a muchos de estos sectores que empezaron a recapacitar y a entender que no había solución para el país sin contar con el liderazgo de Chávez.

-Entonces, quiere decir que hubo un punto de inflexión luego del golpe...

Empezaron a surgir entonces diversas iniciativas de sectores medios en apoyo al proceso: uno de ellos es de las llamada "Clase media en positivo", otra la de los profesionales con Chávez, etcétera.

Pienso que otra cosa que a ayuda a abrir los ojos a sectores medios es el sabotaje petrolero y el cierre de escuelas durante el intento de paro del país que comienza el 2 de diciembre del 2002 y se prolonga hasta febrero del 2003, medidas que los afectan a ellos mismos. ¿Cómo era posible aceptar que para lograr el objetivo de sacar a Chávez del gobierno, se destruyera la principal riqueza del país y se afectara la educación de niños inocentes, hijos de muchos de esos sectores?

Por otra parte, como es cada vez más evidente el contraste entre la realidad y la distorsión de ésta que hacen los grandes medios, ya la campaña mediática en contra del gobierno ha comenzado a generar efectos negativos. Aquellos sectores que se movilizaron, por ejemplo, en la marcha de abril del 2003, cuando se suponía que la oposición iba a celebrar el primer aniversario del golpe con una gran demostración de fuerzas, y constataron cuán reducida era esa movilización comparada con lo esperado, y luego vieron por la TV imágenes trucadas de una masividad que nunca tuvo dicha concentración -se coloca imágenes de concentraciones exitosas anteriores como si ocurrieran en el presente- se sienten engañadas y manipuladas. Se empieza entonces a producir un distanciamiento crítico frente a los mensajes de la propaganda opositora.

Conozco el caso de una muchacha, una profesional altamente calificada que trabajaba en una transnacional y que tuvo la oportunidad de ver el documental de Kim Bartley: "La revolución no ha sido televisada" sobre el proceso. Al ver en él otra realidad de país se sintió tan shockeada que su primera reacción fue la de abandonar el trabajo en esa empresa y pasar a trabajar en apoyo al proceso.

Eso no quiere decir que todavía no quede mucho por hacer en relación con este sector.

-¿Qué es lo que ocurre con el movimiento estudiantil?

Hay que aceptar que una parte importante del estudiantado universitario no ha estado a favor del proceso revolucionario. Esto puede explicarse en parte por el carácter elitista de las universidades venezolanas. Sin embargo, desde mediados del año pasado se empezó a hacer un trabajo en este terreno con la creación de la Fuerza Bolivariana de Estudiantes, que ha ido creciendo a lo largo y ancho del país. Como fue un movimiento organizado desde arriba y no desde la base estudiantil, este movimiento tiene como una de sus futuras tareas la elección democrática de su liderazgo.

Además hay dos iniciativas recientes que me parecen muy interesantes: por una parte la idea de crear un grupo del Proyecto "Clase media en positivo" que reúna exclusivamente a los jóvenes para participar en diversas tareas de la revolución. Por otra parte, se ha puesto en marcha del proyecto de Universidad Bolivariana de Venezuela, con sede en diversos Estados del país, para permitir el ingreso a la universidad a todos aquellos estudiantes de sectores populares que no habían podido hacerlo durante las últimas décadas por el carácter discriminatorio de los exámenes de admisión. Son decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes los que se están inscribiendo para ingresar a la Universidad.

Se trata de un gran esfuerzo que está realizando el gobierno para combatir el elitismo de las universidades existentes. La idea es usar instalaciones que puedan ser liberadas por instituciones del Estado, gracias a un uso más racional de los espacios. PDVSA en Caracas, por ejemplo, cedió todo un edificio para este fin.

Se piensa en una universidad descentralizada, que llegue a todo el país y que funcione en los barrios. Chávez ha sugerido que se usen los mismos edificios que albergan a las escuelas bolivarianas. La idea sería aprovecharlos de noche para impartir clases de nivel universitario.

Todos estos nuevos estudiantes recibirán una formación integral orientada a hacer de ellos una cantera de cuadros para llevar adelante el proceso de desarrollo endógeno antineoliberal propuesto por Chávez. Te puedes imaginar el agradecimiento de esta gente hacia el gobierno.

Se me ocurrió la idea de que sería muy bonito que académicos de distintos países solidaricen con este proyecto y viniesen a impartir clases durante una semana o quince días. Podría estructurarse algo así como una cátedra latinoamericana con profesores de distintos países.

-En "Venezuela: una revolución sui generis" (24-01-03), Ud. describe los obstáculos dentro de MVR como partido que gobierna, y señala el llamado del presidente a refundar MBR 200 -con la intención de convertirse en un 'movimiento de movimientos'- y el impulso a los círculos bolivarianos. ¿Cómo evoluciona esta propuesta? Y, por otro lado: ¿Qué pasó con el Comando Político de la Revolución?

Creo que habría que recordar que desde que se inicia el proceso, Chávez tiene clara la necesidad de una conducción unitaria del mismo. No bastaba sólo contar con un partido, su partido, el Movimiento V República, era necesario aglutinar a todos los partidos que estuviesen por apoyar el proceso, de ahí la iniciativa inicial del frente político llamado Polo Patriótico, instrumento político que resulta muy útil para el proceso constituyente y las mega elecciones del 2000, pero que luego se fractura al pasar a la oposición algunos sectores que lo componen. El desarrollo del proceso revolucionario, y la necesidad urgente de organizar al pueblo en diferentes redes de apoyo al proceso llevan a Chávez a la idea de relanzar el MBR 200 con la idea de acercar a la dirigencia política, demasiado enclaustrada en las tareas institucionales, a los sectores populares que apoyan al proceso. Había que reactivar la organización popular, los círculos bolivarianos. Chávez tiene claro que sin pueblo organizado no hay proceso revolucionario. Y gracias a ese impulso se produce un gran crecimiento de los círculos bolivarianos. Actualmente hay más gente organizada en ellos que en cualquier partido político del país.

Junto a esta iniciativa el presidente crea el Comando Político de la Revolución para conducir la batalla. Su función es: prever, planificar, diagnosticar, impulsar, organizar y movilizar. Reúne a dirigentes políticos de los partidos que apoyan al proceso y a dirigentes de las fuerzas bolivarianas (mujeres, campesinos, trabajadores, estudiantes). Pero esta iniciativa no funciona. Prueba de ello es que la respuesta al golpe de abril del 2002 no tuvo ninguna conducción política. Creo que su deslucido papel se debe a que Chávez no se involucró personalmente en el Comando. Coincido con García Ponce, a quien el presidente designó como máximo responsable, que sin la presencia permanente del Presidente en la conducción política unitaria no es posible llevar adelante una iniciativa de este tipo en los momentos actuales del proceso. La autoridad personal de Chávez es la única garantía de vencer los múltiples y complejos obstáculos que se oponen a desarrollar la unidad de las fuerzas revolucionarias a niveles superiores. Por otra parte, la función de este Comando era sólo de asesoría o de coordinación. Nunca tuvo un real papel de dirección colectiva.

En estos momentos se está impulsando una nueva iniciativa de coordinación política: el Frente Nacional Patriótico. El gran desafío a mi entender -además de lograr superar el espíritu de cuerpo con el que suele trabajar cada agrupación política- es el de lograr involucrar en esta iniciativa no sólo a los líderes formales de los diversos partidos sino a los líderes reales, muchos de los cuales han ido emergiendo en el proceso mismo de lucha. Y la primera tarea es detectarlos. No hay otro camino que un contacto directo con el movimiento popular organizado.

-¿Cómo ve el escenario para el referéndum revocatorio?

Me parece bastante sintomático que la oposición se haya decidido a entregar firmas recogidas en febrero para iniciar en agosto el proceso revocatorio. Eso refleja una gran debilidad por varias razones: ellos saben que esas firmas no son válidas no sólo porque muchas de ellas se falsificaron usando datos informáticos bancarios - conozco gente que aparece firmando y nunca lo hizo-; sino porque desde febrero hasta agosto ha pasado ya medio año y la situación ha cambiado mucho. El sabotaje petrolero, el cierre de escuelas y el eterno anuncio de la caída de Chávez que choca con la realidad de un presidente que sale fortalecido de cada intento opositor por derrumbarlo, han ido haciendo despertar a cada vez mayores sectores de las capas medias. Muchas personas que entonces firmaron por la salida de Chávez -influidas por la situación de caos en que se encontraba el país atribuida a su gestión- aunque mantienen sus críticas a Chávez, se han distanciado de la oposición militante y no están dispuestas a seguir sus orientaciones desestabilizadoras. Sostener que las firmas de febrero son válidas hoy sería como decir que los resultados de una encuesta realizados 6 meses atrás serían válidos hoy.

Cabría preguntarles por qué si ellos dicen haber recogido en el pasado las firmas necesarias en solo un día, no se deciden a ir a una nueva recolección de firmas realizada de acuerdo a las reglas del juego establecidas, para evitar las objeciones legales que puedan surgir.

Yo creo que en este momento el tiempo está jugando a favor del presidente. Un indicador de esto es la actitud que ha adoptado del sector empresarial privado. Este sector, que estaba saboteando la producción con la clara intención de asfixiar económicamente a Chávez, ha empezado a invertir nuevamente. En el último mes ha invertido tres veces más que el promedio de los 6 meses anteriores. Y eso a su vez generará importantes fuentes de empleo.

Además, nada hace pensar que el referéndum pueda hacerse este año. Y si ya se están comenzando a ver los resultados de los programas sociales del gobierno, estos serán mucho más evidentes en unos meses más: crecerá significativamente el empleo y la construcción de viviendas, mejorará la atención sanitaria y la educación. Todo esto juega a favor de Chávez.

Por otra parte, debido a la proximidad de las elecciones de diputados, gobernadores y alcaldes, que deben tener lugar en julio de próximo año, no es una aventura pronosticar que las divisiones en el seno de la oposición se acentuarán.

Uno de los grandes desafíos que tiene Chávez en este terreno es lograr una masiva inscripción electoral de sus adeptos. Tradicionalmente ésta era muy baja en los sectores populares.

Realidad virtual

La disputa entre los medios de comunicación y el jefe de Estado se remonta a los inicios de su gestión. Diariamente, los canales de televisión, las radios y los periódicos -del sector privado- difunden las actividades de la oposición, omiten las acciones gubernamentales, se burlan de la figura presidencial. En las jornadas del 11 de abril tuvieron una participación decisiva, alentando el choque entre chavistas y antichavistas y brindando información distorsionada.

-Ud. ha afirmado en reiteradas oportunidades que en el golpe contra Allende, los medios tuvieron un papel activo fundamental. ¿Cómo explica que el gobierno bolivariano no haya todavía puesto un freno a la situación? Por otro lado, ¿cree que está fallando la estrategia comunicacional oficial?

Creo que éste es uno de los puntos más débiles del actual gobierno. Durante mucho tiempo no es que haya fallado la estrategia comunicacional sino que simplemente no ha existido. Sólo últimamente esto ha ido cambiando. Por otra parte, aunque se habla mucho de la prioridad estratégica de la batalla mediática, los recursos materiales y el tiempo que a ella se destinan están muy por debajo de las necesidades, si se toma en cuenta el inmenso poder mediático que tiene la oposición.

-En una entrevista con Panorama (11-08-03), Ud. dice: "Si aquí los medios de comunicación informaran correctamente, mucha gente no acompañaría a la oposición". Dejando de lado aquéllas personas manipuladas desde los medios, ¿qué sectores conforman hoy la oposición? ¿Está unificada?

Pienso que no. Existe una oposición claramente fascista que no respeta nada. Se reveló durante el golpe de abril del 2002 en la actitud de Carmona; en los ataques físicos a la sede de la embajada de Cuba y a personeros del gobierno. Existe otro sector que apuesta a sacar a Chávez por la vía institucional, muy dividido internamente por las aspiraciones electorales del próximo año. Y existe otro amplio sector que formó parte de la oposición, pero que hoy se ha separado de ella, lo que no significa que haya pasado a apoyar a Chávez. Me parece que éste es el sector donde se juega el futuro del proceso revolucionario.

Una de las grandes debilidades de la oposición es que no cuenta con un programa para el país ni una figura política que pueda unificarla y competir con el carisma de Chávez.

De economía y alianzas

En reiteradas oportunidades, Chávez ha planteado que para concretar transformaciones socio-económicas profundas necesitaba previamente realizar cambios importantes en el aparato político-institucional. En este marco se inscriben la sanción de la Constitución Bolivariana, el paquete de 49 leyes, y otras reformas jurídicas. Sin embargo, los proyectos del terreno económico y de integración comercial con el Cono Sur no se han materializado.

-¿Cómo evalúa la gestión en la esfera económica hasta el momento? ¿ Cuáles considera que son los ejes pendientes que debería tratar el gobierno en el corto plazo?

No soy economista pero me parece que para hacer cualquier evaluación económica del gobierno venezolano habría que examinar muy bien los efectos del boicot y sabotaje económico al que ha estado sometido desde sus inicios, pero que se acentuó enormemente a partir de fines del 2001. Hasta entonces todos los índices económicos indicaban una evidente recuperación de la economía. Luego ésta empieza a deteriorarse, produciéndose una caída espectacular como consecuencia del paro empresarial de diciembre del 2002 y el sabotaje petrolero. Sin embargo, contra todos los pronósticos de la oposición, una vez fracasado el golpe económico y que el gobierno toma nuevamente las riendas de la economía, y, ahora sí, el control real de PDVSA, la economía empieza a mejorar. Importantes inversiones destinadas a programas sociales, estímulo a las cooperativas y pequeñas empresas; acuerdos con importantes empresarios privados; reactivación notable de la inversión privada, me hacen ser optimista.

Pienso que la tarea más urgente es la creación de mayores fuentes de empleo, y que hacia el futuro el gran desafío es encaminarse cada vez con más fuerza al desarrollo endógeno y a la integración latinoamericana, elementos que están en el centro del programa de este gobierno.

-En su visita a la Argentina, Hugo Chávez manifestó que ya no se sentía tan sólo en su discurso como hace unos años. Habló de una nueva etapa y de la integración latinoamericana. En ese sentido, ¿cómo ve el panorama en América Latina?

No cabe duda de que hay un despertar en nuestro subcontinente, que crea una situación cada vez más favorable a la idea de Chávez de una integración latinoamericana diferente a la propuesta por el ALCA. Él la llama Alianza Bolivariana para las Américas.

Pero, por lo mismo, hay que estar muy alertas ante los planes del actual gobierno estadounidense. El Plan Colombia tiene en la mira, no sólo a las guerrillas colombianas, sino también en primer lugar a Venezuela y a todos los países del área andina.

-La correlación mundial de fuerzas, hoy por hoy, es negativa para aquellos proyectos alternativos. Venezuela lo ha vivido en carne propia el 11 de abril de 2002. Desde esta perspectiva, ¿es posible un cambio de proyecto político y económico en la región?

Como digo en mi libro "La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible", lo que hará posible en el futuro lo que hoy aparece como imposible será la capacidad que tengan de construir fuerzas sociales y políticas tanto nacional como internacionalmente a favor de los cambios.

jbossi@segundoenfoque.com.ar

La derecha suele fijar el calendario de las luchas de la izquierda

La derecha suele fijar el calendario de las luchas de la izquierda

Marta Harnecker
Rebelión

1. En el artículo anterior decíamos que una gran parte de la izquierda partidaria, en las últimas décadas, ha tenido muchas dificultades para trabajar con los movimientos sociales y acercarse a los nuevos actores sociales. Esto se ha debido, a mi entender, a varios factores.

2. Mientras la derecha ha demostrado una gran iniciativa política, la izquierda suele estar a la defensiva. Mientras la primera usa su control de las instituciones del estado y de los medios de comunicación de masas, y su influencia económica para imponer el nuevo modelo, servil al capital financiero y a los monopolios, precipitando las privatizaciones, la desregulación laboral y todos los demás aspectos del programa económico neoliberal; la fragmentación social y el fomento del antipartidismo, la izquierda partidaria, en cambio, al limitar el trabajo político casi exclusivamente al uso de la institucionalidad vigente, sometiéndose a las reglas del juego del enemigo, casi nunca lo toma por sorpresa. Se cae en el absurdo de que el calendario de las luchas de la izquierda lo fija la derecha.

3. ¿Cuántas veces no hemos escuchado quejas de la izquierda contra las condiciones adversas en las que tuvo que dar la contienda electoral, luego de constatar que no ha logrado los resultados electorales esperados en las urnas? Sin embargo, esa misma izquierda muy pocas veces denuncia en su campaña electoral las reglas del juego que se le imponen y plantea como parte de esa campaña una propuesta de reforma electoral. Por el contrario, suele ocurrir que en búsqueda de los votos -en lugar de hacer una campaña educativa, pedagógica, que sirva para que el pueblo crezca en organización y conciencia- utilice las mismas técnicas para vender sus candidatos que las que usan las clases dominantes.

4. Por otra parte, las propias reglas del juego impuestas por las clases dominantes dificultan la unidad de la izquierda y fomentan el personalismo. Obligan en algunos países a trabajar por el propio partido en lugar de por un frente más amplio, porque si eso no se hace ese partido tiende a desaparecer del escenario político.

5. Y esto determina que, en caso de un fracaso electoral, además de la frustración, el desgaste y el endeudamiento productos de la campaña, el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento político de quienes fueron receptores y actores, dejando la amarga sensación de que todo ha sido en vano. Muy distinta sería la situación si la campaña se pensase fundamentalmente desde el ángulo pedagógico, usando el espacio electoral para fortalecer la conciencia y la organización popular. Entonces, aunque los resultados en las urnas no fuesen los mejores, el tiempo y los esfuerzos invertidos en la campaña no serían algo perdido.

6. Con razón algunos sostienen que el culto a la institución ha sido el caballo de Troya que el sistema dominante logró introducir en la misma fortaleza de la izquierda transformadora logrando minarla por dentro.

7. El trabajo de la militancia se delega progresivamente en las personas que detentan cargos públicos y administrativos. El esfuerzo prioritario deja de ser la acción colectiva para convertirse en la acción parlamentaria o en la presencia mediática.

8. La acción militante ha tendido a reducirse a la fecha electoral, pegadas de carteles y algún que otro acto público.

9. Y, lo que es peor aún, el financiamiento de los partidos proviene cada vez más de la participación de sus cuadros en las instituciones del estado: parlamento, gobiernos locales, tribunales de control electoral, etcétera; con todo lo que ello entraña de dependencia y de presiones.

10. La actividad política de la izquierda no puede reducirse a la conquista de las instituciones, debe estar dirigida a cambiar las instituciones para poder transformar la realidad. Debe crear nuevas correlaciones de fuerzas que permitan realizar los cambios requeridos. Debe entender que no puede construir fuerza política sin construir fuerza social.

11. Debe, asimismo, evitar "partidizar" todas las iniciativas y los movimientos sociales con los que se relaciona, por el contrario debe esforzarse por articular sus prácticas en un proyecto político único.

12. Por otra parte, a la izquierda partidaria le ha costado mucho abrirse a las nuevas realidades Muchas veces se ha mantenido aferrada a esquemas conceptuales que le han impedido apreciar la potencialidad de los nuevos sujetos sociales, centrando su mirada exclusivamente en los actores que tradicionalmente se movilizaban como los sindicatos, hoy muy debilitados producto de diferentes factores.

13. Por último, una de las mayores dificultades de la izquierda política para trabajar con la izquierda social ha sido la consideración de los movimientos sociales como correas de transmisión del partido. La dirección del movimiento, los cargos en los organismos de dirección, la plataforma de lucha, en fin, todo, se resolvía en las direcciones partidarias y luego se bajaba la línea a seguir por el movimiento social en cuestión, sin que éste pudiese participar en la gestación de ninguno de los asuntos que más le atañían.

14. Sintetizando, para que la izquierda partidaria logre acercarse a la izquierda social, es necesario que se renueve ideológicamente, cambie su cultura política y estilos de trabajo, e incorpore a su arsenal las formas de lucha y de resistencia innovadoras implementadas por la izquierda social.

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Bibliografía de Marta Harnecker sobre el tema

- La izquierda después de Seattle, Siglo XXI España, 2002.

- La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Publicado en: México, Siglo XXI Editores, 1999; España, Siglo XXI Editores, 1ª ed., 1999, 2ª ed., 2000 y 3ª ed., 2000; Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 2000; Portugal, Campo das Letras Editores, 2000; Brasil, Paz e Terra, 2000; Italia, Sperling and Küpfer Editori, 2001; Canadá (francés), Lantôt Éditeur, 2001; El Salvador, Instituto de Ciencias Políticas y Administrativas Farabundo Martí, 2001.

Cuba no se arrastra, Cuba vuela

Cuba no se arrastra, Cuba vuela

Cubadebate (editor)
2003-12-31



Grandes personalidades hablan de la Revolución Cubana

Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, Argentina: “Cuba es uno de los pocos países con decisiones propias que hacen a su identidad, valores y soberanía.”(Jornada 7 de mayo 2003) Fuente: http://www.cubasource.org/html/adolfoperez.htm (Consultado: 26-12-03)

Alfonso Sastre, dramaturgo español : “Cuba no se arrastra, Cuba vuela, a pesar de todo”. http://www.radiohc.cu/espanol/noticias/septiembre/cubanoti25septiembre.htm

Antoine Kolawole , Ministro del Exterior de Benin: “Los éxitos de Cuba , constituyen para todos los países africanos, guía y esperanzas muy importantes.” Fuente: Granma. 02/02/02 pag.: 2

Emir Sader, Sociólogo brasileño : “Cuba es ejemplo de cómo alcanzar autonomía en este continente, y demuestra una forma nueva de hacer política” Fuente: http://www.ain.cubasi.cu/oct3003cmejemplo.htm (Consultado: 26-12-03)

Gabriel García Márquez, escritor colombiano, Premio Nobel de Literatura.
“Cada cubano parece pensar que si un día no quedara nadie más en Cuba, él solo, bajo la dirección de Fidel Castro, podría seguir adelante con la Revolución hasta llevarla a su término feliz. Para mí, sin más vueltas, esta comprobación ha sido la experiencia más emocionante y decisiva de toda mi vida”. Fuente: http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2003/mayo/11/opinion/opinion-20030511-01.html (Consultado: 24/12/03 )

Gladis Marín, principal figura del Partido Comunista de Chile: “el pueblo de Chile está con Cuba, y nunca olvidaremos la solidaridad de ustedes en la defensa de los derechos humanos de todo mi pueblo, de millares de chilenos encarcelados, torturados, quemados, exiliados, detenidos, desaparecidos, ejecutados brutalmente durante los 17 años de dictadura”. http://www.madres.org/periodico/may00/elmundo/cronica.htm

Ho Chi Minh, presidente de la República Democrática de Viet Nam: “El triunfo de la Revolución Cubana abrió una nueva era en la historia del pueblo cubano, asestó un duro golpe al neocolonialismo norteamericano y ha inspirado poderosamente al movimiento revolucionario del pueblo latinoamericano y de todas las naciones oprimidas del mundo.” Fuente: Granma. 06/01/69 pag.: 6

Hojjatoleslam Hajj Seyed Hassan Khomeini, nieto del fallecido líder de la
Revolución Islámica de Irán, Ayatollah Khomeini. "La Revolución Cubana es muy valiosa para su pueblo; y debo decir que quien mira a Cuba allende los mares, ve que este es un país muy grande para todos los revolucionarios del mundo”. Fuente: Granma. 28/07/01 pag.: 5

Homero Muñoz , narrador y poeta mexicano: “La Revolución cubana puede decirse que es de todos, en la medida que a todos nos afecta. En particular a los latinoamericanos, que desde la entrada de los barbudos en La Habana vimos trastocadas todas las perspectivas de acción en el subcontinente. Desde este punto de vista es que todos opinamos sobre los hechos y avatares de esta isla, que quiérase o no se ha convertido en referente mundial.

Pero la Revolución cubana, es eso, cubana. Y la hacen y deshacen los cubanos. Y la defienden y a ella se aferran quienes la han ido construyendo de a granito de trabajo y esfuerzo.” El Latinoamericano: http://www.stormpages.com/marting/homeromu.htm

Mario Bennedetti, poeta uruguayo: “Yo creo que hubiera triunfado de todas maneras [la revolución cubana]. Estados Unidos ha sido un factor que ha impedido el movimiento más libre de la revolución cubana. Se le exige mucho a Cuba a que llame a elecciones, a esto, a lo otro, pero ¿cómo puede un país actuar libremente por sí mismo con ese bloqueo, con gobiernos norteamericanos que propician invasiones? Déjenla tranquila a Cuba y yo creo que va a tener cambios positivos, pero mientras la estén acosando constantemente no se le puede exigir ¿Qué pasaría con cualquier otro país que lo estuvieran acosando durante tantas décadas sin dejarle expresarse, sin dejarle mover por sí mismo?” Entrevista a Mario Benedetti: «Mi única religión es la conciencia» http://www.stormpages.com/marting/mario2.htm

Maxime Roumier, presidente de la Fundación Nouvelle Grand' Ansé, de Haití. “...es la vuestra una Revolución con características muy particulares y el apoyo del pueblo, que permanece fiel a los ideales que condicionaron su existencia, que por esa misma razón ha podido sobrevivir al derrumbe del campo socialista, a la guerra económica desatada por el imperio desde hace más de cuarenta años y al aislamiento político. La Revolución cubana está abierta al mundo y es ejemplo de valentía, de solidaridad e internacionalismo, es faro guía para los países pobres del mundo.". Fuente: Granma. 30/05/03 pag.: 1



Nguyen vo Giap, exMinistro de Defensa de la Répública Democrática de Viet Nam. “La Revolución cubana es otra prueba extraordinaria más de un pueblo de espíritu revolucionario” Fuente: Viajes de Fidel por la amistad y el internacionalismo. p-185

Pablo González Casanova, Doctorado en Sociología en la Universidad de París, durante algunos años rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. "Si países como Cuba muestran una capacidad de resistencia notable(...), sus experiencias merecen una atención que hasta hoy parece insuficiente. Ejemplo para la humanidad, con los cambios y adaptaciones que sean necesarios, Cuba nos revela que toda posibilidad de resistir y de crear una alternativa eficaz al sistema actual supone una articulación muy fuerte de la lucha por la democracia, la liberación y el socialismo". Fuente: http://www.embacuba.com.mx/Mensaje_intelectuales_mexicanos.html (Consultado: 26-12-03)

Pablo Neruda, poeta chileno : ...”su follaje [Cuba. n.e] se ve de todas partes/ y sus semillas van bajo la tierra/ elevando en la América sombría/ el edificio de la primavera.” En su salutación poética. Canción de gesta (1960) http://www.tribuna.islagrande.cu/opinion/neruda.htm

Ruth Benghu, presidenta del Comité de Deportes de Sudáfrica. "Lo más importante que hemos aprendido, pese al corto tiempo que llevamos en Cuba, es que no desvinculan Revolución, Pueblo, Patria, del deporte. Creo que, junto a la estructura de formación desde los combinados deportivos, pasando por las escuelas especializadas que nos han explicado, la base del desarrollo de este país es justamente su alta valoración de los principios que rigen la sociedad en que se desenvuelven. Esto, además, explica el orgullo que sienten los atletas cubanos en las competencias internacionales por representar a su Patria, pero explica también por qué son una potencia deportiva mundial". Fuente: Granma. 24/01/01 pag.: 7

Rodolfo Livingston, generador de opinión, arquitecto Argentino. “Si sigo contando los logros de esta maravillosa Revolución Cubana no me alcanzarán todas la páginas del mundo y no estaré exagerando.” Fuente: http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/cartas/carta108.htm (Consultado: 26-12-03)

Thor Heyerdahl, científico y explorador noruego: “He regresado a este país porque cuando he estado otras veces y he visto los esfuerzos hechos aquí por promover la cultura, la literatura, la educación, la música, y puedo ver que eso es aquello por lo que debemos luchar: hacer una distinción entre lo que es el progreso real y la civilización".
Fuente: Granma. 09/02/02 pag.: 3

Vasco Goncalves, ex premier de Portugal.: “... la Revolución cubana es el fruto de la determinación y del empeño ejemplares de su pueblo y de su dirección política e ideológica” Fuente: Granma. 11/07/03 pag.: 4



*Compilación: Livia

Una batalla cubana contra los demonios

Una batalla cubana contra los demonios

Randy Alonso
2003-12-31


Cuba vivió en el 2003 el influjo en el mundo de las pretensiones hegemónicas de la actual administración norteamericana de imponer una dictadura fascista mundial.

El arreciamiento de la campaña política y mediática contra la isla, el endurecimiento del bloqueo, la andanada de mentiras y amenazas orquestada por altos funcionarios de la Casa Blanca, la actividad descaradamente injerencista y provocadora del jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, el intento de condenar a Cuba en diversos foros internacionales y el acompañamiento de la Unión Europea a la política anticubana de la administración Bush, conforman el cerco brutal tendido desde Washington contra la isla rebelde y diferente.

Pero los más rabiosos y agresivos planes contra la Revolución se han estrellado frente a la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo, el prestigio creciente del país por su incuestionable obra social y el liderazgo indiscutible de Fidel.

Con esas poderosas armas morales, hemos derrotado el intento de aislarnos. Cuba abrió en el 2003 nuevas oficinas diplomáticas en el exterior (son más de 100) y acogió en La Habana nuevas Embajadas de otras naciones.

Las visitas de Fidel a Brasil, Ecuador, Argentina y Paraguay para la toma de posesión de sus nuevos Presidentes y su recorrido por varias naciones asiáticas (Viet Nam, Malasia, China y Japón) tuvieron un extraordinario impacto en esos países y el mundo y desbarataron el conjuro de odio contra nuestra nación. Memorable fue el discurso del Presidente cubano en la Escalinata de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires ante decena de miles de personas que desafiaron el frío y la convocatoria de solo 2 mil invitados para un acto bajo techo.

Delegaciones de alto nivel estuvieron presentes en meses recientes en la Cumbre Iberoamericana de Bolivia y la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información donde recibieron numerosas muestras de solidaridad y simpatía. El Canciller cubano fue acogido oficialmente en Rusia, Guatemala, Venezuela, Bahamas, Ucrania, Armenia y otras naciones.

Cuba fue sede en el año de la VI Conferencia de los Partes de la Convención de Naciones Unidas contra la Desertificación y La Sequía y la Reunión de OPANAL, donde se declaro oficialmente a la región como Zona Libre de Armas Nucleares, entre otros eventos importantes.

A nuestro suelo, pese a presiones de Washington y sus embajadores, llegaron destacadas visitas este año: la presencia de Lula, Chávez y el canciller argentino Rafael Bielsa en diferentes momentos de estos 12 meses, fueron muy simbólicas y representativas de los nuevos tiempos que se viven en Latinoamérica. También llegaron a La Habana, en muestra de solidaridad y lazos históricos, 8 Jefes de Estados o Gobierno y 16 cancilleres africanos.

Una batalla por la vida

Con el acompañamiento del mundo, libramos una victoriosa batalla contra el bloqueo. La Asamblea General de la ONU condeno en histórica votación record de 179 países el genocida cerco económico, financiero y comercial de Estados Unidos contra nuestro pueblo. La Cumbre Iberoamericana y la Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información también recogen declaraciones finales condenas explicitas al bloqueo.

Unido a ello, comienza a erosionarse el bloqueo dentro de los propios Estados Unidos. Casi 300 delegaciones de empresarios norteamericanos visitaron Cuba este año; por primera vez ambas cámaras del Congreso estadounidense se aprobaron iniciativas similares sobre la Libertad de viajes a Cuba; se creo el Grupo de Trabajo sobre Cuba en el Senado; crecen las declaraciones publicas de empresarios y políticos estatales a favor del fin del bloqueo y en igual sentido se expresan numerosos medios de comunicación; casi 80 mil norteamericanos han visitado la isla en el 2003, en franco desafío a las prohibiciones que les impone su gobierno.

Tres traspiés del imperio

Pese a la tremebunda y concertada campaña mediática y el imponente acoso político, fracasaron este año los intentos de condenar a Cuba en los foros internacionales. El gobierno de Estados Unidos no pudo imponer en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra una resolución presentada por Costa Rica, bajo su orientación, para condenar a Cuba por las medidas legítimamente adoptadas por nuestros tribunales contra 75 mercenarios al servicio del imperio y 3 criminales secuestradores de una embarcación de pasajeros.

Las frenéticas presiones yankys no sirvieron para mas que aprobar una aguada declaración invitando a Cuba a aceptar la visita de una relatora especial de la Comisión; algo que nuestro gobierno rechaza por constituir un claro intento de singularizar la situación de Cuba, bien lejos de las graves violaciones de los derechos de los seres humanos que se cometen en el Irak ocupado y en otras partes del mundo.

La administración Bush tampoco pudo hacer efectiva sus pretensiones de condenar a Cuba durante la Cumbre Iberoamericana de Bolivia, pues ningún gobierno, ni siquiera sus mas fieles lacayos, se presto para su bochornosa componenda.

Pero lo mas increíble para el imperio fueron sus tres fracasos en el seno de la OEA, su “Ministerio de Colonias” como lo llamo Raúl Roa, donde pese a realizar presiones colosales, cambiar los textos de los proyectos y también sus patrocinadores, no pudo lograr ninguna condena a la Isla en un escenario del cual es dueño absoluto y del que Cuba fue expulsado hace casi cuatro décadas. La dignidad de las naciones caribeñas y de otros países latinoamericanos fueron claves en el estrepitoso fracaso norteamericano.

Con las ideas y con las armas

Como resultado de una política consecuente y de la verdad como estandarte, Cuba logro desbaratar los intentos para justificar una agresión norteamericana. Los propósitos de la extrema derecha, la mafia anticubana y sus mercenarios en la Isla de provocar una crisis migratoria y la difusión del embuste de la producción de armas biológicas fueron derrotados con inteligencia, con efectivas medidas y con la voluntad de los cubanos de defender su independencia y soberanía.

El año que se va ha sido uno de los mas complejos para la Revolución cubana en sus cuatro décadas y media de enfrentamiento al más poderoso enemigo de la historia. Pero ha sido también tiempo para fortalecer la conciencia y los ideales del pueblo, para que crezca la economía y haya pleno empleo, para que se multipliquen los planes sociales, para que se acrecente la solidaridad con Cuba y con la causa de Nuestros Cinco Héroes presos políticos en Estados Unidos y sobre todo para reforzar aun más la capacidad defensiva de una nación dispuesta a cobrarle al enemigo una cuota impagable si osara agredir nuestro suelo.

Las ideas y las armas están prestas para iniciar el 2004. En el Aniversario 45 de la Revolución de nuestros sueños y esperanzas, Cuba seguirá batallando contra los demonios.